Soy vecino de Villanueva de Duero, municipio donde el alcalde ha prohibido los ruegos y preguntas en los plenos. El 31 de marzo, un concejal del PSOE hizo una interpelación referida al descuento que la empresa suministradora del gasoil hace al Ayuntamiento, y quiso saber si alguna persona se beneficiaba de la rebaja. Si era así, pidió que se diera un bando para que todo el que lo desee pueda obtener descuento. En ese momento se montó un gran bullicio, dándose por aludida la teniente de alcalde que llegó a decir que iba a denunciar al concejal porque «cree el ladrón que son todos de su condición». El acta que recoge el pleno es una sarta de barbaridades, ya que el concejal nunca dio ni nombres, ni cargos, cosa que sí se puso en el texto. Para mí entre un pleno cerrado y lo que se hace ahora hay poca diferencia, aunque
el alcalde amenace con celebrarlos a puerta cerrada. Es su manera de entender la democracia. Lo peor fue que los asistentes oyeron estas barbaridades y nadie dijo nada; nos hemos vuelto conformistas con todo, aunque lo que se cuente no sea la verdad.