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Viernes, 19 de mayo de 2006
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La banda de la excavadora
DESDE hace bastantes meses viene operando un hábil grupo de atracadores en diversas localidades del Levante español. Centran sus asaltos en localidades pequeñas: con una excavadora amontonan troncos y cascotes en las principales vías de acceso, de tal modo que la guardia civil no pueda llegar a tiempo cuando sea llamada. Después, una vez aislada la población, saquean cajas de ahorros, establecimientos bancarios y cuanto de rentable se les pone por delante. ¿Y a por la próxima!

Esta ingeniosa táctica parece estar creando escuela entre los depredadores políticos que operan en el País Vasco. También aquí se pretende por todos los medios aislar la CAV de los instrumentos policiales y legales que tienen jurisdicción en el resto del Estado, a fin de que nos quedemos en manos de forajidos o ex forajidos (aún no está del todo clara la cosa) que ayer nos amenazaban de muerte para que cediésemos a sus deseos políticos y hoy, tras un 'generoso' alto el fuego con el que nos regalan nuestra propia vida, nos acusan de no querer la paz porque seguimos sin ceder a sus deseos políticos, naturalmente. La banda de la excavadora exige en nombre de la paz -que por cierto solamente ellos han alterado- que se bloquee el camino a la Ertzantza, a la Guardia Civil, a la Audiencia Nacional y en general a todos los que han protegido a la ciudadanía contra sus asaltos e intimidaciones durante los últimos años. Nuestro resignado papel ha de ser doble y paradójico: primero, olvidarnos del pasado en el plano penal y policial, porque corren tiempos nuevos según han decretado alegremente los mismos que enturbiaban los viejos; segundo, recordar el pasado en el plano político lo suficiente para ceder ante los causantes de las tormentas pretéritas, con el fin de evitar en el futuro nuevas borrascas. ¿Y el atraco de la excavadora sigue adelante!

De vez en cuando, cada vez con más frecuencia y mayor arrogancia, los representantes de la banda regañan al resto de la ciudadanía, por no mover ficha. «¿Esto no puede ser cosa solo de nosotros! Ustedes también tienen que poner algo de su parte ». Les cuesta comprender -quizá porque nadie se molesta en explicárselo con la suficiente claridad- que en Euskadi los únicos que tienen que cambiar de actitud y de disposición son ellos: son los únicos que tienen que renunciar inequívocamente a la violencia, porque son los únicos que la practican o legitiman; son ellos quienes tienen que integrarse en la legalidad constitucional, porque son los únicos que la violan; son los únicos que tienen que cambiar de rostro político y de actitud pública porque son los únicos que hasta ahora representan la intimidación, la extorsión y el asesinato en la vida de los ciudadanos. ¿Que entre los suyos hay encarcelados? Es algo que suele pasar cuando se cometen delitos o se ensalzan los cometidos por otros. Es comprensible que los familiares se preocupen de que los presos estén bien; pero también comprenderán que los demás, por el momento, nos preocupemos de que ante todo estén bien presos. ¿Se desea que vuelvan los exilados al País Vasco? Nada más justo. Pero hay que distinguir entre los que tuvieron que exilarse por la presión contra ellos de la violencia y los que llaman exilio a su prudente huida ante las consecuencias judiciales de sus actos. Ojalá mañana mismo puedan volver todos los que no tengan nada que temer: unos, porque ya no haya terrorismo que les amenace; otros, porque no tengan causas pendientes con la justicia cuyas responsabilidades intenten evitar. ¿Dicen ahora haber descubierto que no debieron dar a entender que no les importaba el dolor ajeno? Pues que hagan un esfuerzo más cuanto antes, hasta reconocer que nunca debieron dar a entender que el terrorismo causante de ese dolor no les merecía repudio sino entusiasmo.

Por eso confieso no entender del todo bien el plan de paz que Ibarretxe -con el inapreciable apoyo de Azkarraga y Madrazo- nos propone para acabar con la banda de la excavadora. Uno de sus puntos más estimables hace hincapié en la solidaridad con las víctimas, basado en prestaciones materiales, campañas, exposiciones itinerantes, etcétera y en general en una plasmación institucional del reconocimiento que les es debido. Memoria y reconocimiento, estupendo, faltaría más. Ahora bien ¿habrá también memoria y reconocimiento de los crímenes que las convirtieron en víctimas? Es decir: me parece muy bien que consideremos víctimas a las víctimas pero ¿vamos a reconocer también a los crímenes como crímenes? ¿O acaso las víctimas estarán en el presente como lo que son, víctimas, mientras que considerar criminales a los criminales -y objetivos criminales sus proyectos- será ya una deformación malsana del pasado que debe ser superada cuanto antes? A lo mejor el lendakari tiene claro el asunto, en cuyo caso le pido perdón, pero yo sigo viéndolo todo más bien oscuro y un poquito como manipulado.

Por lo demás, la parte dedicada en el plan a la «recuperación de los derechos civiles y políticos» me parece la menos convincente de todas. Por lo visto, los derechos conculcados (cuando se habla de los civiles y políticos, insisto, no de los genéricamente humanos) son -¿qué casualidad!- los de la izquierda aberzale. En una palabra, lo primordial sigue siendo abolir la Ley de Partidos que impide a ninguno apoyar el terrorismo (por cierto: ¿hay alguien ahora que niegue el apoyo de Batasuna a ETA?), pero no recuperar la libertad de expresión y de convocatoria de los constitucionalistas, hasta ahora bloqueados por la coacción de los violentos. Y es que unos derechos son incompatibles con los otros: si hay grupos que tienen derecho civil y político a apoyar la violencia, saltarse la Constitución y formar instituciones paralelas a ésta para sustituirla, seguirán sin ver respetados sus derechos civiles y políticos los que han sufrido coacción por defenderla y ahora quieren que por fin se respeten las reglas de juego. O tienen razón los unos o los otros, pero todos a la vez imposible. No se puede a la vez contentar a la banda de la excavadora y a los clientes del banco que, con mejores o peores maneras, sigue empeñada en asaltar.



Vocento