La próxima semana, el domingo 21, vecinos y foráneos de Hontalbilla volverán a unirse para celebrar una de las fechas que desde hace cinco años se ha convertido en una de las más emblemáticas. Aunque muchas fiestas y tradiciones se han perdido por el casi inevitable descenso de población, hay otras que resurgen con fuerza. Entre estas últimas destaca la festividad del Cristo de Hontariego, que se celebra junto a la ermita que los hontalbillanos construyeron con su esfuerzo y trabajo. Lo que hasta hace un tiempo se reducía a una celebración casi exclusivamente religiosa con una procesión a modo de rogativa hasta el desaparecido pueblo de Hontariego para pedir agua para el campo, desde hace cinco años se ha convertido en una fiesta más multitudinaria.
Vecinos y foráneos se preparan para recorrer danzando los tres kilómetros que separan el pueblo del templo al son de la dulzaina para oir allí misa. Un día de romería que los hontalbillanos aprovechan para comer en familia y entre amigos junto a la ermita.
Y si esta fiesta ya se ha convertido en una tradición, los vecinos echan en falta otras celebraciones que se han perdido en el camino. Los quintos ya no corren el gallo el 2 de febrero con motivo de las Candelas y tampoco enraman la iglesia y las puertas de las casas de las chicas del pueblo en la Pascua de Pentecostes.
El descenso de población y de la superficie de viñedo cultivada también ha hecho que se pierda las fiesta que se celebraba en otoño con motivo de la vendimia. Ocho o diez días en los que además de trabajar también había baile y mozos y mozas hacían un hueco en la faena para el juego y el cortejo y no perdían la ocasión para hacer los denominados 'lagarejos', estrujar un racimo de uvas contra el cuerpo de otra persona.