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Sábado, 13 de mayo de 2006
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Afición irrenunciable
Los encierros campestres y urbanos gozan de gran acogida en Hontalbilla, que celebra estos espectáculos desde 1916
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Población: 404 habitantes.

Extensión: 38,4 Km2.

Altitud: 887 metros.

Distancia de la capital: 50 kilómetros.

Fiestas: San Pedro en Cátedra (22 de febrero). Cristo de Hontariego (tercer fin de semana de mayo). Nuestra Señora de la Asunción y San Roque (15 y 16 de agosto).

Lugares de interés: Iglesia de San Pedro (en cuyo interior se conservan un buen número de obras de plata, entre las que destacan la cruz procesional del siglo XVI, el cáliz que se hizo en los primeros años del siglo XVII y la custodia de sol que regalaron los mozos en 1629) Casa de las Ánimas. Ermita del Cristo de Hontariego (realizada con el trabajo y ayuda del pueblo).


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Son todo un referente. Mucho más que una afición. Y es que si hay algo que los hontalbillanos destaquen como característico de su pueblo son los festejos taurinos. A comienzos del siglo pasado comenzaron a celebrarse los primeros espectáculos, que desde entonces se han sucedido año tras año, aunque con un ligero parón por problemas con las ganaderías allá por la década de los sesenta. Y aunque ahora la normativa cada vez es más exigente y los costes se elevan sustancialmante año tras año, en Hontalbilla no renuncian a quedarse sin encierros y espectáculos en la plaza.

Un coso que en sus inicios, cuando los toros tardaban tres o cuatro días en llegar a pie por el campo, estaba en el centro del pueblo y los vecinos lo construían con palos que anclaban en la tierra. Ahora, una plaza portátil alberga los espectáculos taurinos durante las fiestas de Nuestra Señora de la Asunción y San Roque, del 14 al 17 de agosto.

Pero no siempre estas fechas han sido los días grandes, los días de toros en Hontalbilla. Hace años, recuerda Enrique, uno de los vecinos del pueblo, era el 22 de febrero, festividad de San Pedro en Cátedra, patrón del municipio, cuando los toros llegaban a la localidad para animar las fiestas grandes.

Ahora es en agosto cuando el bullicio y la alegría abarrotan las calles de Hontalbilla y también el campo, pues precisamente en los encierros campestres está uno de los mayores atractivos de los festejos taurinos, que en esos días se suceden por muchos pueblos, pero que no impiden que «el año pasado, un día, el 15, había hasta doscientos caballistas», recuerda Enrique. Ese es el primer día de encierros, que comienzan a las nueve de la mañana y se pueden prolongar durante horas si los astados se resisten a entrar en el recorrido urbano. Y es que más de una vez ha ocurrido que los toros todavía no estaban en la plaza cuando las campanas de la iglesia ya anunciaban que la misa iba a comenzar.

Gran acogida

Y después del encierro, el almuerzo en los bares y el vermú. Al día siguiente, otro encierro, con animales más pequeños dirigidos al disfrute y participación de un público más joven, se limita solo a las calles de la localidad. El 17 de agosto aficionados y caballistas regresan a Hontalbilla para conducir a las reses por el recorrido campestre hasta el casco urbano en el encierro mixto vespertino. «A la gente les gusta mucho», destaca Enrique, uno de los concejales, quien recuerda el enfado de los vecinos cuando no se pudieron celebrar unos festejos que gozan de gran acogida entre los hontalbillanos.Próximo pueblo: Olombrada



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