Nigeria es un ejemplo palpable de cómo riqueza natural y prosperidad social no están necesariamente unidas. Ser el sexto país productor de petróleo del mundo no ha evitado, sin embargo, la pobreza de su población que, en la mayoría de los casos, se ve reducida a la propia subsistencia. Y eso incluye el sabotaje. Ayer, una vez más, decenas de personas murieron en una práctica tan usual como mortífera. Se agujerea un oleoducto y se roba el 'oro negro' para venderlo clandestinamente. Solo que muchas veces el 'maná' explota como ocurrió con la conducción que cruza Ilado Beah, un suburbio costero de Lagos, que quedó devastado. Indigna esta miseria generadora de tanta desgracia.