La presencia y existencia de los seres mágicos de la naturaleza está recogida en el folclore y la mitología de numerosas culturas del planeta desde tiempos inmemoriales. Hasta nosotros han llegado relatos, cuentos y leyendas que nos hablan de las andanzas y desventuras de estos seres conocidos como elementales, gente menuda, pueblo de la buena gente, espíritus de la naturaleza o habitantes del país de las hadas.
Hoy en día los gnomos, los duendes y las hadas son considerados seres de ficción, más propios de los mitos e imaginaciones delirantes de nuestros abuelos que de la realidad más palpable. Sin embargo, existen testimonios de encuentros cercanos en el tiempo con estas identidades misteriosas y reflexiones sorprendentes de auténticos expertos en la materia que veremos al final de este artículo. Antes, les invito a realizar un recorrido mágico por Castilla y León en busca de nuestros duendes.
Trasgos de Torquemada
En el siglo XVI la creencia en la existencia de los duendes era generalizada, de tal forma que era práctica forense en Castilla, así lo asegura el escritor Julio Caro Baroja en su obra 'Del viejo folclore castellano': «Que si una persona iba a habitar una casa y luego se enteraba de que en ella había duendes, podía abandonarla». Y es precisamente en esta época cuando el escritor astorgano, Antonio de Torquemada, nos dejó constancia de varios episodios acaecidos en nuestra región en su obra 'Jardín de flores curiosas'.
Uno de los más curiosos es el que hace referencia a un misterioso trasgo que habitaba en una casa de la capital salmantina, así nos lo cuenta Torquemada: «Quiero venir a contaros lo que yo mismo vi siendo niño de diez años y estudiante en Salamanca. Había en aquella ciudad una mujer muy principal viuda y vieja, la cual tenía cuatro o cinco mujeres de servicio, comenzóse a mover una fama pública en todo el pueblo que en casa de aquella señora andaba un trasgo que hacia muchas burlas, y entre otras, era una que de los techos, de la casa caían tantas piedras, que parecía que las llovía, y que esto era tan continuo, que a todos los de la casa y aun a los que entraban de fuera les daba muy gran trabajo, aunque las piedras no les hacían mal alguno ».
El tirar piedras y realizar pequeñas fechorías es una de las principales características de los duendes castellanos -también conocidos como martinicos o martinillos- para molestar y asustar a los humanos en sus casas, donde se introducen haciendo de ellas su residencia permanente. En cuanto a su aspecto, dicen que son parecidos a los seres humanos de corta estatura, extraordinariamente feos y siempre vestidos con hábito de capuchino. Hecho este inciso, continuemos con el episodio salmantino: prosigue el escritor astorgano asegurándonos que de esta historia se enteró el Corregidor y que junto a veinte hombres más se dirigió a la casa con el fin de averiguar la verdad. Al llegar allí presenciaron el mismo fenómeno de caída de piedras procedentes de la nada.
Se efectuó un exhaustivo registro sin encontrar al artífice de aquellos sorprendentes fenómenos y llegados a este punto, tomó el alguacil una piedra que arrojó por encima del tejado de una casa colindante, retando al supuesto causante: «Si tú eres demonio o trasgo, vuélveme aquí esta misma piedra. Y en el mismo momento tornó a caer esta piedra del techo, y le dio un golpe en la vuelta de la gorra, ante los ojos, y todos conocieron que era la piedra que había tirado, y viendo ser verdad lo que decía, el Corregidor y todos los otros se fueron muy espantados; y de ahí a pocos días vino un clérigo, que llamaban el de Torre Menudas, a Salamanca, y entrando en la casa, hizo ciertos conjuros, con que de allí adelante cesaron las piedras y burlas».
Los enemiguillos
Por cierto, que hablando de otro tipo de conjuros más tenebrosos, están los que practican ciertos nigromantes burgaleses que tienen como extraños compañeros a otra de las familias de duendes castellanos, conocidos como enemiguillos. Estos demonios familiares son de diminuto tamaño y sumamente fieles y obedientes con su dueño, gracias al sabido conjuro.
Son muchos más los lugares de nuestra tierra en los que la tradición asegura la presencia de duendes. Torquemada se hace eco de otros sorprendentes casos en la localidad zamorana de Benavente. En la provincia salmantina existen tradiciones que aseguran la presencia de estos seres en las localidades de Tardáguila y Puerto de Béjar. En tierras burgalesas se recogen relatos de su existencia en el municipio de Cornejo (Merindad de Sotoscueva) y famoso fue el duende de Horna. Sin embargo es en la provincia de León, donde se recogen el mayor número de casos de la presencia y andanzas de estos seres, no en vano es en esta zona donde cohabitan distintos tipos como el cochino-puerco (nombre que recibe el Diaño Burlón), el trasno do choco (duende experto en extraviar a los que desconocen los caminos) ó los xainines (expertos en introducirse en las casas para comer su menú preferido: las patatas crudas o cocidas). Son los folkloristas Francisco J. Rúa y Manuel E. Rubio, autores del excelente libro 'La piedra celeste', quienes en esta obra sobre las creencias populares leonesas, recogen sus aventuras en las siguientes localidades: Tolibia de Abajo, Mena, Lagunas de Somoza, Ferrol de Bernesga y Viñales.
En tierras leonesas precisamente, reside el escritor José María Merino, premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 1992, que relató un sorprendente testimonio en una entrevista publicada en el 'Diario 16'. El escritor menciona su experiencia con un trasgo al que mantuvo como huésped cierto tiempo: «su ocupación principal consistía en abrir la espita y vaciar una cuba que yo había heredado de mi abuelo y que hacía un vermú excelente». Por lo visto, el literato le entretenía con otras tareas para alejarle de su principal entretenimiento.
Para finalizar quiero hacerme eco de la opinión de la periodista y escritora, Rosa Montero, recogida en un artículo publicado en el diario el 'El País': «Me gustaría saber quién ha decidido que no existen las hadas, ni los gnomos, los elfos, los trasgos y demás habitantes del mundo crepuscular. Ya sé que no hay manera empírica de demostrar la existencia de estas criaturas fantásticas, pero tampoco hay manera de demostrar la existencia de Dios, y fíjense ustedes la cantidad de partidarios que tiene». ¿Y usted que opina?
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