La pieza principal del macabro rompecabezas de la aparición de restos humanos en las orillas del Duero encajó por fin ayer por la mañana después de que el ex marido de la mujer desaparecida en Pajarillos el pasado 1 de marzo se entregara voluntariamente a primera hora en Comisaría y reconociera la autoría de la brutal muerte de su antigua pareja.
El sospechoso, a falta de que las pruebas de ADN confirmen definitivamente que los partes del cuerpo se corresponden con la víctima, reconoció durante su declaración ante los agentes que el mismo día en el que se perdió el rastro de Benita del Valle tuvo lugar una fuerte discusión en el domicilio familiar de la calle Mirlo, donde compartían casa pese a estar separados. Enseguida pasaron de las palabras a las manos y, «fruto de un arrebato», el ex marido acabó presuntamente con la vida de la mujer desaparecida.
Eugenio R. R., de 53 años, aprovechó supuestamente la soledad de la casa molinera del número 32, de donde se emanciparon sus cuatro hijos años atrás, para descuartizar a la víctima en pedacitos con una radial -los cortes «eran limpios»- e introducirlos cuidadosamente en bolsas que arrojó después al río cerca del término de Villanueva de Duero.
La ausencia de signos de violencia que permitan aclarar las causas de la muerte en la cabeza, el brazo y las dos piernas rescatadas hasta el momento del agua ponen de manifiesto que fue en el tronco, aún sin recuperar, donde la víctima recibió el golpe o la puñalada mortal que acabó con su vida antes de ser literalmente troceada y arrojada al río al menos en un saco de tela, una bolsa de deporte y otras de plástico.
A falta del ADN
Sea como fuere, lo más sorprendente del caso es el escenario del crimen, un domicilio en el que continuó viviendo Eugenio R. R. hasta ayer mismo y que nunca llegó a ser registrado por la policía -tampoco ayer- a pesar de que las fuentes del caso consultadas admiten que las sospechas recayeron sobre el ex marido desde el mismo día de la desaparición. Su confesión voluntaria es la única prueba de cargo con la que cuentan ahora los agentes para acusar al sospechoso de homicidio, ya que nunca llegó a ser detenido e incluso declaró junto a sus hijos en marzo a raíz de la denuncia que interpusieron estos últimos.
Eugenio R. R. mantuvo un encuentro con un hermano a primera hora de la mañana de ayer y salió de casa a las 10.30 horas. «Fruto de la presión», según considera la policía, el presunto homicida «se vino abajo» y decidió acudir a la Comisaría de Delicias acompañado por un abogado para entregarse a las 11.00 horas, según confirmaron fuentes de la Subdelegación del Gobierno. Precisamente a esa hora se encontraba en dichas instalaciones Cecilio Vadillo, quien solo informó de que las pruebas de ADN aún no han confirmado si los restos humanos pertenecen a Benita del Valle obligado por el «secreto de sumario» decretado por la jueza de guardia.
Recién divorciados
En cualquier caso, la policía no tiene ninguna duda ya a estas alturas sobre la identidad de la víctima después de la aparición el sábado pasado de la cabeza de una mujer con pelo rubio y un 'piercing' en la parte izquierda de la nariz idéntico al de la desaparecida. Su hija Rebeca, quien llevó el peso de la búsqueda todo este tiempo y siempre defendió la inocencia de su padre, no daba ayer crédito a lo ocurrido e incluso reconocía no saber nada de la detención durante la mañana.
Tanto ella como el resto de familiares siempre destacaron la «buena relación» que mantenía una pareja que decidió vivir junta a pesar de estar oficialmente divorciados desde semanas antes del 1 de marzo. La policía indaga ahora si los celos fueron el móvil del ya más que aparente crimen.