Con 37 años y tres hijos, él y su esposa sufrieron las consecuencias del síndrome tóxico tras haber consumido aceite adulterado. Emilio Baranda no ha podido volver a trabajar desde entonces. A sus 62 años, lleva 21 como presidente de la Asociación de Afectados del Síndrome Tóxico de Palencia intentando luchar por unas indemnizaciones que dictó una sentencia del Tribunal Supremo y que han llegado ya en gran parte a los bolsillos de los afectados por la colza. Sin embargo, Baranda considera que aún no se pagado todo.
«Reclamamos los intereses desde el momento en que salió la sentencia del Supremo hasta el día del cobro. De momento se nos están denegando, pero es lo normal al principio. Ya sabemos que es un tira y afloja, como en estos 25 años, y seguiremos apelando», señala el presidente de la Asociación de Afectados del Síndrome Tóxico de Palencia, quien asegura que «han pasado muchos años y el dinero que se ha dado no sirve para mucho porque una cantidad no tiene ahora el mismo valor que antes». De ese valor del dinero sabe mucho Emilio Baranda, que desde entonces no ha podido volver a trabajar -ha acudido a muchas fábricas a ofrecerse y nadie le ha contratado- y ha conseguido sacar adelante a sus hijos con la ayuda de los padres y de otros familiares que se han solidarizado con su situación.
Al margen de la vía judicial, Emilio Baranda se aferra también a esa promesa realizada por José Luis Rodríguez Zapatero a su llegada a la Moncloa de destinar una partida presupuestaria para compensar económicamente a las víctimas, aunque, según apunta, «queremos una confirmación oficial».