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VALLADOLID
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Una «reducción indigna» de la vida
El pentapléjico vallisoletano Lucas S. relató el 21 de enero del 2005 en una entrevista concedida a este periódico por qué exigía su derecho a morir
Una «reducción indigna» de la vida
El tubo de respiración. / H. S.
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«Lo que viví lo hice de forma tan intensa y tan física que siento que estar en estas condiciones es una reducción indigna», explicó el 21 de enero del 2005 el pentapléjico Lucas S. en una entrevista a este periódico realizada en la 'burbuja climática' en la que se convirtió la habitación de su casa -puertas cerradas y temperatura constante- a raíz del accidente que en el 2000 le postró en una silla de ruedas fruto de una caída fatal.

Terminaba así medio siglo de una vida dedicada a aprender y, en especial, a viajar en la que «no me alcanzaba el tiempo, habría necesitado días de, por lo menos, 36 horas», resumió la víctima.

Por aquel entonces, al igual que hasta hace unas horas, Lucas S. -un pseudónimo elegido por él mismo para ocultar su identidad y con el que escribía en su blog (diario) de Internet- recibía el aporte de oxígeno que le insuflaba cada tres segundos la bomba de un respirador artificial que tenía acoplado a su silla de ruedas y que ayer dejó de funcionar.

«Soy un ejemplo de vida artificial. Sin respirador me ahogaría lentamente en media hora», lamentó el afectado. Al igual que sus pulmones estaban conectados a una máquina, su vida interior estaba 'enchufada' a las posibilidades que le ofrecía la gran pantalla de su ordenador manejada a través de un pequeño adaptador con sus labios y en la que escribió antes de morir sus pensamientos tanto en cartas como en su blog.

«Muchas pistas falsas»

Su visión de la vida la resumió el lesionado medular con una cita del filósofo alemán Arthur Schopenhauer que el día de la entrevista pidió que se transcribiera íntegra: «La razón está al servicio de la animalidad, de la voluntad de vivir, pero mediante la razón se llega al conocimiento del dolor y del camino para vencer el dolor, es decir, la negación de la voluntad de vivir». Esto «es lo mejor que he encontrado», justificó un enfermo que añadió que «cuando eliminas la voluntad de vivir te das cuenta de lo insignificante de la existencia».

Seis años de vida contemplativa dedicada a mirar por la ventana de su primer piso la calle que nunca volvió a pisar desde el accidente le sirvieron a Lucas S. para fundamentar, incluso por escrito a través de Internet, su decisión de poner fin a su vida de forma voluntaria, aunque, según todos los indicios, con ayuda. Eso sí, «sin implicar a muchas personas, porque al final solo van a por una. Basta con que se comprometa una sola, pero con muchas pistas falsas», concluía el pentapléjico.

«Soñamos. Es imprescindible soñar. Se vive poco si nos quitan los sueños», añadió un enfermo que ayer, de un modo u otro, cumplió el suyo.



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