Sevillano de nacimiento (1983), Carreño procede de la prolífica cantera del club de Nervión, que no para de nutrir a los equipos españoles con perlas nacidas en sus categorías inferiores. Su parecido con Dani, el pequeño delantero del Betis, hace que sea fácilmente identificable para el aficionado que nunca le haya visto jugar. Con Dani comparte la capacidad para desesperar a los centrales en su insistente búsqueda del gol y también su gran movilidad para desarbolar a la defensa contraria. Estas dos características han hecho de él la pareja perfecta de Borja en el Real Valladolid B.
Pero al igual que el pequeño delantero bético, Carreño se deja llevar por sus emociones dentro del campo. Es una característica innata en él, para lo bueno y para lo malo. Capaz de regatear a la zaga contraria y poner el balón fuera del alcance del guardameta, Carreño no elude el cuerpo a cuerpo en el campo. A veces lo busca. Se siente cómodo en una situación que puede llevarle a la expulsión, como ante el Palencia, pero que desquicia a la zaga que se enfrenta a un jugador que con sus 170 centímetros no se asusta por la altura de los centrales.
Casi letal en el mano a mano con el portero, es generoso con sus compañeros cuando cree que están en mejor situación para marcar que él y tiene capacidad de sacrificio para beneficio del equipo. Lleva trece tantos, 'pichichi' de los blanquivioletas y tercer máximo goleador del Grupo II, a pesar de que estuvo lejos de los terrenos de juego alrededor de un mes por una lesión. Alfredo Merino dijo el pasado miércoles que le citaba con el primer equipo porque aporta cosas que no tiene en la plantilla. Probablemente se refería a esas ganas que muestra el sevillano en cada balón y a su capacidad para estar siempre en el momento oportuno en el sitio adecuado. Los rechaces y los pases de sus compañeros van a parar a sus pies como si las botas que luce tuvieran un imán. O, tal vez, el técnico palentino se refiriera a ese punto de mala leche, a esa capacidad para revolucionar un partido que posee Carreño.
A sus 22 años, el delantero blanquivioleta aporta madurez en el césped, aunque todo se esfuma de un plumazo cuando tiene que encararse con cualquiera en el campo. Es difícil que el sevillano se amilane, pero si por algo se caracteriza Carreño es por su capacidad de definición ante el portero. Con mal carácter o sin él.