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AUDIENCIA
PALENCIA
LAURA TORRES EXPERTA EN ESTUDIOS SOBRE VIOLENCIA DOMÉSTICA
«Aún hay una condena social mínima al maltrato a la mujer»
La profesora universitaria asegura que la sociedad debe estar más implicada en la lucha contra las agresiones por la violencia doméstica
«Aún hay una condena social mínima al maltrato a la mujer»
Laura Torres, durante la conferencia que ofreció en Palencia. / J. RUIZ
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Licenciada en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Valladolid, Laura Torres se ha especializado en materia de género. Ha participado como coordinadora en cursos dirigidos a distintos colectivos profesionales y en la actualidad trabaja como agente de igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. El martes, Laura Torres presentó una cartilla de divulgación sobre lo que la sociedad debe saber sobre la violencia de género. La publicación ha sido editada por Caja España, en cuyo salón de actos de la calle Don Sancho se celebró la presentación.

-¿Qué objetivo tiene escribir una cartilla de divulgación sobre la violencia de género?

-Sobre todo concienciar a la sociedad y a la ciudadanía aún de la grave problemática que supone la violencia de género. Es muy fácil caer en mitos, por ejemplo preguntarse por qué ellas se quedan junto al maltratador, o el hecho de que ellos sean alcohólicos o drogadictos. Es frecuente ver cómo la sociedad incurre en estos mitos y a ello contribuye que los medios de comunicación no informen de la forma más adecuada, lo que facilita que se creen estereotipos. Es fundamental que queden las cosas muy claras para que la sociedad tenga una conciencia de lucha.

-La violencia doméstica es una lacra social que se cobra más víctimas que el terrorismo, ¿existe la condena social suficiente contra este tipo de violencia?

-No solo hay una condena social mínima, sino que algunas campañas, por ejemplo, van dirigidas solo a que la mujer denuncie y se quedan ahí. No somos conscientes de que la violencia de género es un problema estructural, está inmerso en la propia estructura social y en las relaciones de las personas. La gente no siempre da el apoyo necesario a las víctimas. Las prejuzga con afirmaciones como: 'Volvió con él, ella se lo buscó...' o 'Son temas de pareja'. Es necesario reforzar la idea de que no son asuntos privados.

-¿Dónde está el origen de la violencia de género?

-Desde 1993, con la declaración de Naciones Unidas que elimina la violencia hacia la mujer, se detectaron algunos orígenes de este problema y están en la discriminación que las mujeres sufren en la sociedad. Cuando acceden al mercado laboral, encentran más obstáculos, cobran menos, y eso ha ido propiciando en muchos casos una dependencia económica. También históricamente se nos ha enseñado que la mejor forma de realizarnos es la novela romántica, la vida en pareja, y eso favorece la dependencia emotiva. En la educación de los hombres, sin embargo, se ha propiciado la referencia del héroe dominante. Estos estereotipos siguen presentes en muchas familias.

Pirámide de la violencia

-¿Hay teorías que explican la violencia de género?

-En la pirámide de la violencia, hay una gradación de menos a más, pero cada elemento favorece el paso al siguiente estadio. Primero hay una discriminación social hacia las mujeres; luego se produce la violencia psicológica, que se propicia porque se ven como normalizadas las humillaciones, la falta de respeto, los actos de prepotencia y la manipulación; después, es cuando viene la violencia física. Pero previamente está lo otro. Un maltratador no golpea si no tiene la seguridad de que no le van a denunciar. Cada violencia engloba a la anterior.

-¿Qué secuelas deja la violencia doméstica en las víctimas?

-Las secuelas dependen de muchos factores. Del grado, del tiempo que ha durado, de la posibilidad de la víctima de acudir a redes de apoyo social para superioralo. Depende de muchos elementos. Pero la mayoría sufre, como ocurre después de un atentado terrorista, estrés postraumático.

-¿Cómo se puede llegar a entender esa dependencia que muchas víctimas tienen del agresor, a pesar de lo que les hacen?

-La dependencia afectiva no se origina en el momento de la relación. Habitualmente hay un precedente en la propia educación que te lleva a idealizar las relaciones de pareja, y a asumir frases como que 'amar es el principio de amargura'. También hay una manipulación afectiva por parte del agresor. Sucede como en las víctimas de los secuestros. El agresor o secuestrador es la única persona que tienen cerca para calmar el dolor después de esa agresión. Es el denominado 'síndrome de estocolmo'. Junto a esto, muchas víctimas manejan la teoría de que si invierten mucho en su vida afectiva, esa inversión termina siendo rentabilizada. Ocurre como en el juego, que se crea una adicción que impide ver más allá.

-¿Las administraciones actúan lo suficiente en la lucha contra la violencia de género?

-Aún queda mucho por hacer. Se ha dado un gran paso con la Ley Integral de la Violencia de Género. Han aumentado las denuncias. No se trata solo de dictar unas medidas, sino de que los profesionales sean conscientes de lo complejo que es el problema, porque incluso en muchos profesionales aún hay prejuicios en este sentido.

-¿Ahora hay más violencia doméstica o, por el contrario, es que se conocen más los casos porque se sacan a la luz pública?

-Creo que lo que ocurre es que se saca más a la luz pública. Pienso que en España ha habido un antes y un después de la muerte de Ana Orantes, la mujer que fue quemada viva por su marido en 1997. A partir de ahí, creo que muchos medios de comunicación han sacado a la luz una situación que siempre ha existido, pero han contribuido a que ahora se conozca más y, por tanto, se condene más. La primera referencia a la violencia de género que aparece fechada fue en 1405 en Las Bahamas, aunque probablemente existió mucho antes, sin que estuviera debidamente documentada.



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