A pesar de que pueda parecer increíble, ni siquiera los jóvenes que se crían en los pueblos tienen noción de lo que es un huerto. A esta conclusión han llegado en el Ayuntamiento de la localidad salmantina de Sancti Spíritus que, en colaboración con el colegio del pueblo y la propia Junta de Castilla y León, se han puesto manos a la obra para desarrolla el curso denominado 'Huertos escolares ecológicos'.
Fátima del Arco es la monitora de este taller y reconoce que «el huerto siempre ha tenido mucha importancia en la vida de los pueblos aunque cada vez es menor».
Los organizadores tenían claro que los destinatarios de esta idea debían ser los más jóvenes porque «para los escolares esto de los huertos es algo lejano», argumenta Fátima, al tiempo que añade que «los niños no saben de dónde salen las cosas que comen, en los pueblos no pasa tanto pero lo cierto es que cada vez hay menos huertos y está bien que se sepa dónde nace un tomate y que haya un respeto por el suelo donde crece esa planta».
En la actividad, que se imparte en horario escolar, participan los 73 alumnos del colegio de Sancti Spíritus de edades comprendidas entre los 3 y los 12 años. «Con los más pequeños trabajamos más las sensaciones, los olores y con los mayores venimos trabajando de manera teórica la historia de los huertos, trabajamos las semillas, la preparación del terreno o la transformación de los productos», explica Fátima.
Pero dentro de esta actividad la labor de las personas mayores del municipio es muy importante. «Con las personas mayores hemos recopilado cómo se cultivaba antes, en qué zonas del pueblo, cómo se conservaban las semillas, cómo regaban». En este sentido, Fátima del Arco tiene muy claro que «nuestros abuelos cultivaban la tierra de una forma mucho más respetuosa y en el fondo, ellos son los que tienen el saber y son a los que tenemos que escuchar».
El señor Gabriel
En lo que se refiere a la parte práctica, los alumnos cuentan con la ayuda del señor Gabriel, un vecino del pueblo que ha prestado una parte de su huerto para que los chavales siembren allí sus productos. «Los chicos han plantado judías, lechugas, fresas y calabacines que son las plantas que mejor se dan en esta zona», matiza la monitora. «Ahora el cuidado ya queda en manos del señor Gabriel».
Además de conocer el origen de los productos, o las tradiciones de los mayores, la monitora del curso concluye que «se trata de un programa interesante porque todo aquello que sea conocer lo que tenemos alrededor nos hace más sensibles».