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Lunes, 1 de mayo de 2006
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Incansable Heliodoro
Los representantes políticos de la ciudad demostraron su habilidad en el lanzamiento de bolsas, pero solo el alcalde permaneció en el balcón desde el principio hasta el final
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«Aquí, aquí, rubia», le gritaban a la concejal del PP Carmen Fernández Caballero, que acompañada de la también edil popular Maribel Campos había tomado el relevo en la pedrea a las socialistas Elisa Docio -chaqueta verde inolvidable- y Aurora Merchán. Porque por el balcón de la ermita de San Toribio, situada en las faldas del cerro del Otero, pasaron en la mañana de ayer buena parte de los integrantes de la corporación municipal, además de otros representantes políticos y de dirigentes de la asociación del barrio del Cristo.

Y como el balcón no es demasiado grande y solo caben cinco o seis personas, los ediles fueron turnándose. Para empezar, la teniente de alcalde Isabel Rodríguez y la portavoz del PP, Rosa Cuesta; con un llamativo mantón rojo la primera y de riguroso negro la segunda. Después, pasaron por el balcón el subdelegado del Gobierno, Gabriel Castañeda, y el consejero de Medio Ambiente, Carlos Fernández Carriedo, que ayer no tuvo su día más lúcido en la elección del traje -los tonos marrones le hacían ganar unos cuantos años-. Pasaron después por el balcón, el concejal de Turismo, Ángel Luis Barreda, y el vicepresidente de la Diputación, Isidoro Fernández Navas, que con gafas nuevas y sin chaqueta lanzó las bolsas con gran énfasis. No le anduvo tampoco a la zaga el concejal de Personal, Marco Antonio Hurtado, que demostró gran precisión en el tiro.

Pero, sin duda, el más habilidoso en los lanzamientos fue ayer el nuevo comisario jefe de la Policía Nacional, Javier Peña Echeverría, que vestido de paisano intentaba pasar desapercibido entre la maraña de políticos y acompañantes. Se sucedieron también en el balcón otros concejales, como el de Festejos, Celso Mellado, o los populares José Antonio García, Conchi Gómez o Goyita Primo, además del alcalde pedáneo de Paredes de Monte, Ramón Noriega, que ayer parecía un miembro más de la corporación capitalina.

Y aunque el balcón parecía una auténtica carrera de relevos, una figura permaneció incombustible en todo momento. Impasible, incansable, el alcalde, el flamante presiden de la Federación Española de Municipios y Provincias, Heliodoro Gallego, se mantuvo en todo momento en el balcón de la ermita, lanzando a diestro y siniestro; de una en una o a brazadas: repartiendo pan y queso, como después, ya fuera de la ermita repartía también besos y abrazos. Heliodoro fue ayer el gran protagonista de la pedrea y no tuvo ni siquiera obispo que le eclipsara, porque este año ningún dignatario de la Iglesia se sumo a la popular fiesta.



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