TRABAJAR en pareja marca para toda la vida. Y si no, que se lo pregunten al sargento de la Guardia Civil que denunció a un subordinado en Sevilla porque leyó de sus labios una retahíla de supuestos insultos a varios metros de distancia, a pesar de estar envueltos en la atmósfera de un ruidoso bar andaluz. Imagino a este suboficial en el pasado patrullando en pareja, disfrutando de porfiados 'tequieros' pincelados por los labios acharolados de su compañero del turno de noche, de ahí que se haya convertido en toda una autoridad para leer a distancia las sordas palabras de un humilde guardia que, al parecer, no eran todo lo cariñosas que esperaba su fatua sensibilidad de opereta.
Este asunto quedaría estacionado en un simbólico anecdotario si no fuese porque el acoso y derribo al que se ven sometidos muchos agentes por parte de la jerarquía de la Benemérita les aboca a lanzarse hacia destinos sin retorno. En la actualidad, en torno a quinientos guardias civiles están sumidos en situaciones suicidas y, estadísticamente hablando, se baraja que cada diez días uno de estos garantes de la seguridad de nuestro país trata de acabar consigo mismo. Sin ir más lejos, y según datos oficiales facilitados con endémico y calculado retraso por la propia Dirección General, durante el periodo 1990-2001 se suicidaron 192 y otros 204 trataron de hacerlo. A ellos hay que sumar los 3.000 en situación de baja por depresión. Los psicólogos del Cuerpo están desbordados y ellos mismos han tenido que someterse a terapia como consecuencia de la presión a la que se ven expuestos, porque la realidad de esta situación crece de forma desbocada. De hecho, uno de ellos también tomó la decisión de quitarse la vida. Las ci-fras son reveladoras: algo sucede en la Guardia Civil y las autoridades, la sociedad y la Virgen del Pilar parecen estar mirando hacia otro lado. Los números cantan. Ningún otro cuerpo policial se aproxima siquiera ni a la mitad de estos luctuosos hechos. Estos españoles lo son por la gracia de la partida de nacimiento, pero la Constitución que nos sirve a todos de paraguas le es negada a este colectivo. Solo hay que echar mano de esta sagrada publicación para ver que en el capítulo segundo se habla de los derechos y libertades a lo largo de 10 artículos de una redacción que no deja lugar a dudas, derechos fundamentales como los de asociación, libertad de expresión y derecho al amparo de la justicia ordinaria para todos los ciudadanos. Al-guien lleva robándoles la cartera a estos 78.000 policías desde 1978. Y no solo en sentido figurado, porque sus salarios provocan carcajadas a los miembros de la Ertzaintza o los Mossos d'Esquadra, ambas policías del Estado; incluso dentro de la Policía Nacional, que tampoco es que nade en la abundancia. Sanciones abusivas, persecución, traslados caprichosos, autoridad tiránica y esas ollas a presión que son las casas cuartel.
Hace unos días, se manifestaron en Madrid cerca de veinte mil agentes, para hacerse oír y reclamar sus derechos constitucionales. Las concentraciones seguirán y las cifras de participación se van a disparar. Los partidos políticos parecen haber consensuado que la Guardia Civil siga con su naturaleza militar como marchamo, pero ese consenso es espurio y no es acorde con los tiempos ni con los impagables servicios que presta el Cuerpo a la sociedad española. El Duque de Ahumada creó la Benemérita en el siglo XIX. Este prócer estaba obsesionado con la higiene y pulcritud del uniforme de sus administrados. Le dio tantas vueltas al tricornio que se llegó a rediseñar hasta la saciedad. Pero este noble gorro no es solo el brillo del charol que lo recubre, cuya pátina se prescribió para que no se ensuciasen. Lo que arde en el interior del tricornio son seres humanos víctimas del menosprecio y hartos de tanta miseria. Y lo triste es que a nosotros, ciudadanos de plenos derechos, nuestra inteligencia solo nos alcanza para batearlos como 'picoletos'.