 Papaloukas besa la Copa de Europa que le ofrecen dos compañeros. / SRDJAN SUKI-REUTERS |
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| CSKA 73 - MACCABI 69 |
CSKA (18+17+14+24): Vanderpool (16), Holden (6), Langdon (11), Smodis (12) y Savrasenko (10) -cinco inicial- Papaloukas (18), Van den Spiegel (-), Panov (-),
Maccabi (18+12+18+21): Solomon (20), Parker (10), Burstein (9), Baston (6) y Vujcic (4) -cinco inicial- Arnold (14), Sharp (3), Penney (3), Shason (-).
Parciales: 18-18, 17-12, 14-18 y 24-21.
Árbitros: Jungebrand (FIN), Koukoulekidis (GRE) y Belosevic (SCG). Eliminado Burstein.
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El CSKA de Moscú se impuso al Maccabi y a 12.000 seguidores para alzarse con su quinta Copa de Europa y destrozar los sueños de los israelíes, que acariciaban el récord de la Jugoplastika de tres títulos consecutivos. Fue una victoria trabajada, que comenzó de forma negativa.
La primera final del CSKA en 35 años era una carga para los jugadores rusos, que se encontraban ateridos. Fue una bendición para los israelíes, que siempre suelen salir en tromba para machacar la moral del rival. Empezaron con 0-7 de parcial por la tardanza de los moscovitas en reaccionar.
Tres minutos tardó Vanterpool en comenzar su recital y en dejar las cosas en su sitio. El base norteamericano tomó las riendas anotadoras de su equipo. No le temblaba la mano a la hora de tirar desde la línea de tres o de penetrar para romper la línea Baston-Vujcic. Ayudado por Papaloukas -siempre está ahí-, despertó al CSKA.
Hasta siete empates se produjeron antes que los rusos pegarán el primer estirón. Se aprovecharon de la caraja inicial de Parker para endosar a los israelíes un parcial de 10-0 (35-25) en el segundo cuarto. En el tercer cuarto lo ampliaron a 12 (44-35, min. 13). Entonces, Pinhas Gershon optó por sentar a Parker. Su equipo reaccionó de la mano del secundario Arnold -enorme debajo de los aros- y de Vujcic. Poco a poco se fueron acercando hasta empatar (46-46). Pero fue un consuelo efímero. Dos triples de Smodis y Papaloukas ponían otra vez por delante al CSKA.
Era un toma y daca constante, de marcador bajo y jugadas pesadas. El momento perfecto para que Parker, el 'MVP' de esta Euroliga, despertara. Él y Solomon devolvieron la vida al Maccabi, hasta provocar el octavo empate del encuentro (55-55). Pero el CSKA no había dicho la última palabra. Dos triples del esloveno Smodis y de Langdon acercaban al equipo rojo a la gloria. Unos tiros libres de Papaloukas, el mejor jugador de la final, y la precipitación del Maccabi, lo confirmaban. El CSKA levantaba el título 35 años después.
El sueño de Messina
El italiano Ettore Messina ha tenido que llegar esta temporada a Moscú para que el CSKA, después de tres intentos fallidos, haya conquistado la Euroliga y acabado con la hegemonía impuesta por el Maccabi Tel Aviv los dos últimos años.
Messina, secundado por el esloveno Matjaz Smodis y el griego Theodoros Papaloukas (Jugador Más Valioso de la final), ha conseguido en una campaña lo que el conjunto ruso no pudo en el anterior trienio.
El técnico italiano aumenta así su leyenda en el baloncesto europeo y evita a su vez que Pinhas Gershon, su homólogo del Maccabi Tel Aviv, le supere con la que hubiera sido su tercer título consecutivo al frente del conjunto israelí.
El verdugo del Winterthur Barcelona acabó así como campeón y demostró la capacidad de Ettore Messina para romper con su pizarra los pronósticos que apuntaban mayoritariamente a derrota de los suyos tras la exhibición del rival en su partido de semifinales frente al Tau Vitoria.
El CSKA Moscú fue casi siempre el que llevó el mando del partido, aunque el Maccabi salió fuerte en defensa ante un conjunto que parecía todavía impresionado por lo que vio el viernes con el Maccabi sobre la pista.
El equipo moscovita sabía sin embargo las fórmulas para parar al israelí, que se puso por delante en el minuto. Se trataba de apretar en defensa, de que Trajan Langdon y Vanterpool afinaran desde el perímetro y, sobre todo, de que Matjaz Smodis se mantuviera en pista.
Bajo esas consignas, el CSKA se plantó a 1.39 del final con cinco puntos de ventaja y posesión que, sin embargo, perdió en sólo cinco segundos. Langdon no perdonó desde la línea de tiros libres y certificó el fin de la hegemonía hebrea en la Euroliga.