La jornada del domingo permitió al Real Valladolid tomar un poco de aire antes de una semana que se antoja complicada, con Alfredo Merino lastrado por unos guarismos de descenso -tres victorias y siete derrotas- y con una plantilla que se derrumba al primer contratiempo. Los tropiezos del Lleida ante el Recreativo y del Racing de Ferrol ante el Numancia dejan los puestos de descenso a Segunda B a seis puntos, igual que estaban la semana pasada. La diferencia es que el Valladolid ha bajado algunos puestos y ya nadie discute que va a tener que sufrir para salvarse.
Desde el Murcia, undécimo con 45 puntos, hasta el Tenerife, decimoctavo con 42, todos los equipos son susceptibles de bajar de categoría. La única ventaja es que hay un enemigo común para todos ellos, el Lleida, único de los cuatro equipos metidos en zona de descenso que puede aspirar a salir del pozo, después de que el Racing de Ferrol se quedara semienterrado con su derrota en casa frente al Numancia. Y al mismo tiempo ese es el inconveniente del Real Valladolid, porque el Lleida será su siguiente rival en el estadio José Zorrilla.
Los ilerdenses acudirán a Valladolid dispuestos a agarrarse a su único flotador, una victoria que les permita arrastrar a los de Merino hacia el fondo y esperar resultados de otros rivales. Con el calendario presente, el Real Valladolid no debería tener problemas para conseguir cerrar la permanencia cuanto antes, aunque eso empieza a sonar ya a discurso desgastado. Tan usado como sonaba la temporada 2003-2004, cuando se descendió a la categoría de plata en una segunda vuelta infernal de los jugadores blanquivioletas, entonces dirigidos por Fernando Vázquez.
El primer rival en este inesperado camino hacia la permanencia, el Lleida, se juega todo en el envite. Sus adversarios más cercanos en la tabla clasificatoria, Tenerife y Castellón, jugarán contra Lorca y Murcia, respectivamente. Si lograran puntuar y el Lleida cayera, los de Miguel Rubio serían prácticamente equipo de Segunda B.
Pero no acaban ahí las ventajas para el Real Valladolid, que tiene un calendario asequible. Después viajará a Eibar, un equipo que terminó la jornada de ayer a 14 puntos de la permanencia y que el domingo se enfrenta al Sporting fuera de casa. Para cuando llegue ese encuentro, puede estar condenado. Y aún hay más. El equipo de Alfredo Merino pasará un bache complicado ante el Lorca (Zorrilla) y el Levante (fuera), para terminar el año con tres partidos que pueden ser intrascendentes ante el Ejido y Elche en casa y el Racing de Ferrol en La Malata.
El Lleida, clave
Doblegar al Lleida se ha convertido, pues, en la pieza clave para solventar cuanto antes este angustioso tramo final de temporada. Dejar a los ilerdenses a nueve puntos significaría cerrar este capítulo y poder respira r con tranquilidad en las seis jornadas que restarían para terminar el campeonato. En la primera vuelta, los de Miguel Rubio fueron un juguete en manos del Real Valladolid. Con Aduriz en plan estelar -marcó sus últimos tres goles como blanquivioleta antes de marcharse al Athletic- borró del campo a un Lleida flojo, sobre todo en defensa, sin pegada y sin carácter.
Los visitantes son uno de los equipos que menos puntos han conseguido fuera de su estadio, apenas quince, y no ganan como visitantes desde la jornada 26, cuando se impusieron al Xerez por 0-1. Claro que esas estadísticas, con el Valladolid de por medio, suenan a papel mojado. El caso más claro, y ejemplo a seguir por la UE Lleida, es el del Sporting. Los gijoneses no lograban vencer fuera de su terreno desde el 4 de diciembre, cuando lo hicieron en Ipurúa por un ajustado 0-1. Hasta que llegaron a Zorrilla y se llevaron el triunfo sin pasar apenas agobios.
Los de Merino volverán al trabajo con la pesadumbre de haberse visto relegados a la decimoquinta plaza, la posición más baja desde la novena jornada del campeonato anterior, cuando ocupaban la decimoséptima posición. En esa tesitura, la inercia de un equipo lastrado por la falta de objetivos y de aspiraciones puede ser más peligrosa y traicionera que la de un equipo que lleva todo el año pugnando por escapar del descenso y que se juega a cara o cruz la permanencia. Como el Lleida.
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