Un espacio que se multiplica desde la posición de los intérpretes, a veces sentados vueltos de espaldas, de pie silenciosos, o lanzándose al suelo, rodando de un lado para otro. Unos pasos de danza, en gestos armónicos y breves, un brazo que se estira, un pie que busca el del contrario, el cuerpo que se contorsiona, desde el juego del tronco. Unos vasos que se utilizan como proyectiles, unos papeles rojos que inundan la escena, el juego de cambiar de ropa o de zapatos Están preparados los integrantes de este grupo y sus gestos y desplazamientos no demasiado espectaculares ni arriesgados, están medidos, aunque echamos en falta una coreografía más variada. La abstracción juega un papel fundamental, desde esa sensación de los cuerpos al buscarse. Al final solo una de las bailarinas queda en escena en un espectáculo sobrio y profesional un tanto monótono en su línea dramaturgia. Aplausos del público.