Los escritores mexicanos Margo Glantz, Cristina Rivera y Alberto Ruy-Sánchez reivindicaron ayer en la Feria del Libro de Valladolid el cosmopolitismo de la literatura mexicana y rechazaron cualquier atisbo de 'ombliguismo' en una tradición basada en la variedad y complejidad de sus autores y no en rasgos distintivos de carácter nacional. Los tres escritores y su presentador, el poeta y consejero de la Embajada de México en España, Jorge Valdés, compartieron ayer una apasionada rueda de prensa antes de protagonizar el encuentro del día, segundo capítulo con México como protagonista.
En contra de lo que suele ser habitual en este tipo de encuentros, la tentación del autobombo cedió a la exposición generosa de los méritos de sus colegas escritores, tanto de los que les precedieron en tiempos remotos como de los contemporáneos. Desde Sor Juana Inés de la Cruz a Josefina Vicens, de Juan Rulfo a Salvador Elizondo, de José Juan Tablada a Octavio Paz los tres autores reivindicaron la rica y cosmopolita tradición de la literatura mexicana. No olvidaron, claro está, a Sergio Pitol, flamante premio Cervantes, del que destacaron su faceta de traductor, «que nos permitió conocer autores europeos que de otra manera nunca hubiéramos conocido y que al menos en mi caso fueron fundamentales en mi obra», afirmó Ruy-Sánchez
Vías de intercambio
Y ello a pesar de que solo la figura de Margo Glantz (México, 1930) daría para protagonizar un encuentro en solitario. Académica, ensayista, representante de la cultura mexicana en el extranjero y autora premiada, es una pieza clave de literatura mexicana actual. En España quedó finalista del premio Herralde con 'El rastro' y acaba de publicar 'Historia de una mujer que caminó por la vida con zapatos de diseñador'. Glantz reclamó vías de intercambio para que, «como ocurrió en el pasado con movimientos como el modernismo o como el 'boom' podamos conocernos unos a otros, sepamos quiénes son los grandes escritores en lengua castellana y superemos la balcanización actual. Porque ahora si alguien publica en una editorial española como Anagrama o Pretextos puede ser conocido aquí pero no en su propio país, o en otros vecinos del continente, porque estos libros son muy caros para esos países».
Para Cristina Rivera-Garza (Matamoros, México, 1964), autora que ha vivido doce años en Estados Unidos y que desde hace dos decidió regresar a su país, la literatura mexicana vive «un momento experimental, de búsqueda de nuevas fórmulas y eso hace que haya interrelación entre autores de distintas generaciones», lo que abundaría en la opinión de Ruy-Sánchez de que la tradición literaria mexicana es de autores más que de tendencias. La autora de 'Ningún reloj cuenta esto' cree que proceder de un país «con una importante experiencia colonial concede a los escritores una especial relación con el mundo».
«Somos hijos de la promiscuidad cultural», sentenció Alberto Ruy-Sánchez (México, 1951) para quien el hecho de ser autores «que no somos negocio para las editoriales, nos da una ventaja: la libertad. La literatura nos importa más que la publicación y a su vez nosotros somos más importantes como escritores que como mercancía. Así nuestra obra, al menos en mi caso, puede ir creciendo de otra manera».
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