Algunas veces nos presentan la transferencia de competencias del Estado a las autonomías y el autogobierno como si fueran una especie de receta mágica que resuelve todos los males. Hay que recordar que el elevado fracaso escolar, las listas de espera en los hospitales o casos de corrupción como el 3% son fruto de la gestión autonómica. En muchos casos, las autonomías han demostrado que son las administraciones que más dinero público despilfarran. Al final, de tantas transferencias solo se beneficia una élite.
Carmen B. Fernández