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Domingo, 30 de abril de 2006
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La derrota ante el Sporting pone en rojo todas las alarmas en el Real Valladolid
El Valladolid agrava la sensación de vivir una cuesta abajo imparable similar a la del descenso, y hoy puede acabar a tres puntos de Segunda B
La derrota ante el Sporting pone en rojo todas las alarmas en el Real Valladolid
Ramis se aleja cabizbajo tras ver la roja directa por el penalti cometido sobre Gerardo. / REPORTAJE GRÁFICO DE RAMÓN GÓMEZ
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La situación empieza a ser más que preocupante. De hecho ya ha demostrado ser 'atenazante' para los jugadores, que se vuelven un manojo de nervios ante el primer contratiempo. Y ahí es donde entra el toquecito de infortunio que acompaña a este equipo gafado desde hace tiempo. Un jugador del Sporting recoge un balón en la frontal, se va de OJ Morales, tira sin demasiada convicción y el balón pega en Ramis y entra. En la primera jugada, que ni siquiera ocasión, de un partido que para entonces respondía a un patrón de sosez absoluta. Un ratito más tarde, en la otra portería, Álvaro intenta un disparo, el balón pega en un defensor y se marcha a córner pero desviado unos cinco metros de la portería. Bromas pesadas del destino, que no quiere ver ni en pintura al Real Valladolid.

Claro que para ayudar al destino también hacen falta algunas decisiones erróneas. Alfredo Merino dejó fuera de la convocatoria a Broli y después le tuvo que repescar por la ausencia a última hora de Mario, con molestias físicas. Apostó por un centro del campo con OJ Morales como principal sustento, auxiliado por los dos medias puntas, Álvaro y Víctor. El empecinamiento del técnico en molestar a Álvaro empieza a ser digno de estudio. Cuando no le desplaza a una banda le envía a la otra, y si no le coloca al lado a Víctor o a Tote, jugadores en pleno declive.

La psicología también juega en esto del fútbol, y si hay un jugador que se crece cuando está bien y se derrumba cuando salen mal las cosas es Capdevila, titular ayer y que apenas intervino salvo en una acción, la del gol, en la que Víctor dio su único pase correcto de todo el encuentro.

La alineación del Valladolid podía ser más o menos lógica, aunque resultaba tan inexplicable la presencia de Sousa en el banquillo como su participación en la segunda mitad. Sousa explicaba el miércoles, ante una pregunta informal, que no se veía a tono para jugar ayer, y que quizá estaría disponible ante el Lleida. Lo dijo delante de dos periodistas y del propio presidente, Carlos Suárez. Y no solo entró en la lista sino que además jugó los 45 minutos de la segunda parte con el equipo ya roto.

El frágil entramado blanquivioleta se deshizo en polvo en cuanto llegó el primer revés. El gol de Gerardo, un churro, hundió a los de Merino, que quedaron aturdidos hasta el minuto 25, cuando llegaron por primera vez al área de Roberto. El Sporting, un equipo en cuadro por las bajas y con una defensa endeble, parecía un coloso a ojos de los locales. No había un pase certero, ni una idea en ataque. Nada. Hasta que llegó el contragolpe que sirvió como espejismo. Toque de Capdevila, envío de Víctor y vaselina de Llorente. Un golazo que dio lugar a los únicos minutos de lucidez de los de Merino. Durante diez minutos parecía que volvían a creer en sí mismos y a funcionar como un equipo, aunque lo cierto es que sin crear peligro en el área rival.

Penalti clave

Fue entonces cuando llegó el segundo momento de infortunio del partido. Gerardo ganó la espalda a Ramis y este le derribó cuando encaraba a Bizzarri. Penalti y roja directa al mallorquín. Biagini lanzó el penalti dos veces, porque algunos jugadores del Sporting se adentraron en el área antes de tiempo, y marcó las dos. Ni en eso hubo suerte.

En la situación en que se encuentra el equipo, solo faltaba eso. Un gol en contra, descanso, y un jugador menos. Y Merino que toma una decisión arriesgada y le sale mal. Sustituye a tres jugadores para comenzar la segunda parte. Fuera Capdevila, Carmona y Víctor. Y paso a Chema, Tote y Sousa. Una apuesta ofensiva que incluía jugar con tres centrales, pero que no funcionó en absoluto. En toda la segunda parte el Real Valladolid solo dispuso de una ocasión, en un error de la defensa que permitió a Llorente disparar a puerta, en una oportunidad que desbarató Roberto.

Sin opciones

Nada más. Ni ocasiones, ni llegadas, ni 'huys'. Un desierto similar al de la grada, que de no ser por los aficionados rojiblancos habría parecido un campo de entrenamiento. El Real Valladolid sucumbió ante sus propias limitaciones. Mal OJ Morales, lento al distribuir; desaparecido Sousa, que corrió mucho y hacia ningún lado; horribles los laterales a la hora de sacar el balón desde atrás; y desastrosos los medias puntas.

El Sporting mató al contragolpe. Sin sufrir, sin esforzarse y ralentizando el ritmo. Ni siquiera le hizo falta exhibir la colocación y disciplina que en su día utilizó el Ciudad de Murcia para ganar en Zorrilla. Bastó con un par de acciones vertiginosas de Pablo Lago y Gerardo. Biagini remató las dos veces. La primera se estrelló en Bizzarri. La segunda fue el 1-3. El partido estaba acabado. Y la moral del Real Valladolid, por el suelo. Tan negra como su futuro y tan baja como su juego.

Más información

Foro de debate sobre el Real Valladolid en www.nortecastilla.es



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