La OIEA, el Organismo Internacional de Energía Atómica, ha concluido ya en que Teherán no escucha las conminaciones de la ONU para que desista de producir combustible nu-clear con fines militares. La crisis está planteada, y en términos más inquietantes que la que provocó la intervención norteamericana en Irak. Los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, que deben tomar las decisiones, no mantienen una actitud unánime, dado que los rusos y los chinos, quizá más realistas que norteamericanos, franceses y británicos, creen que las sanciones rinden escasos resultados. Quizá por ello, Bush se ha mostrado hasta cierto punto conciliador. Pero ni EE. UU. ni Israel tolerarán que Teherán consume su amenaza de dotarse del arma nuclear en la caliente región del Próximo Oriente.