Sus vecinos afirman que Salinas se ha convertido en una zona residencial de calidad. Las viejas casas perfectamente acondicionadas y las nuevas urbanizaciones han dado paso a una localidad con una estética muy golosa para los constructores y para los amantes de la esencia y el carácter de la Montaña. Pero el trasfondo que dejan los andamios, las hormigoneras y los albañiles es algo más relevante: es una apuesta clara por hacer de Salinas y de pueblos como Renedo de Zalima los analgésicos perfectos para el mal de la despoblación. «Este Ayuntamiento no dudará en seguir recalificando terrenos rústicos en urbanizables para dar cabida a nuevas urbanizaciones, como las que se van a construir junto a la travesía, y así atraer a nuevos pobladores», comenta el alcalde, Julián Aguilar.
Una hilera de casas y una completa lista de servicios básicos hace intuir que el futuro de este rincón de la montaña no está en la cuerda floja y no se tambalea.