La fiesta del baloncesto europeo se presenta con más dudas que certezas. Ninguno de los cuatro equipos que han llegado a la Final a Cuatro de Praga (Maccabi de Tel-Aviv, CSKA de Moscú, Barcelona y Tau Vitoria) ha demostrado ser superior al resto. La calidad se ha igualado por abajo. Los conjuntos que hace unos años estaban un escalón por encima han retrocedido en su potencial. Ni Maccabi ni CSKA asustan como en temporadas anteriores. Ya no consiguen cifras estratosféricas en las fases de la Euroliga ni apabullan con la facilidad de antaño. Esta pérdida de pegada ha desatado las alarmas en las dos entidades, que ven como el sistema balcánico de Ivanovic y Perasovic triunfa en España.