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Lunes, 24 de abril de 2006
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 Actualizado: 1.12 a.m.
 
 
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Sarcófago de hormigón sobre el reactor número 4. / EFE
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«Supuse que algo anormal había pasado por que me despertaron las sirenas de los coches de bomberos», relata Oleg Zuikov, que tenía 15 años cuando saltó por los aires el reactor número 4 de la planta atómica de Chernóbil, en la entonces soviética Ucrania. Él, sus padres, Vladímir y Ludmila, trabajadores de la central, y su hermana Svetlana, vivían entonces en la población de Prípiat, situada a tan solo dos kilómetros del lugar del accidente. Prípiat, que lleva el nombre del río que atraviesa la provincia y cuyas aguas sirvieron para refrigerar los reactores, fue terminada de construir en 1977 para dar acogida a los empleados del complejo nuclear. Ahora es una ciudad fantasma en donde el tiempo se detuvo bruscamente aquel funesto 26 de abril de 1986.
 
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