«Un reto. Todo un reto. Habrá que trabajar con un escenario en el que sabemos que los seis meses previos a las elecciones van a estar repletos de inauguraciones de todas las obras y proyectos que ahora están en desarrollo por parte del Ayuntamiento, de la Diputación y de la Junta de Castilla y León», reconocen en el PSOE. Un escenario electoral hostil que, como indica el 'principio de Peter' «siempre puede empeorar». De hecho, una encuesta interna manejada por el PSOE vallisoletano dibuja la peor de las soluciones: Según los resultados, el PP ampliaría el número de escaños y obtendría 16 concejales, una cifra que hasta ahora no ha alcanzado, mientras que el PSOE mantendría los trece ediles con los que ahora cuenta.
Los propios socialistas, sin embargo, consideran que la consulta no recoge todos los posibles votantes de su propuesta, porque en Valladolid el 'voto oculto', aquel que no se manifiesta en las encuestas pero luego sí se contabiliza en las urnas, es tradicionalmente de izquierdas. Preocupa, pese a todo, la posible debacle de la coalición Izquierda Unida, que ahora cuenta con un edil y que podría convertirse en el fiel de la balanza si el de la consulta electoral surge un resultado en el que PP y PSOE empaten en el número de concejales. Confían además en la sede del principal partido de la oposición en la ciudad en que una campaña adecuada logre arrancar votos de la amplia bolsa de electores abstencionistas detectadas en el cinturón de barrios que rodea el centro urbano y de inclinación progresista, como Delicias, Rondilla o Pajarillos