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Sábado, 22 de abril de 2006
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LA 2 emitió la otra noche, en su espacio 'Documenta 2', la película de Julio Médem 'La pelota vasca, la piel contra la piedra'. Esta película creó una gran polémica cuando se estrenó hace tres años porque adoptaba un tono equidistante entre el entorno de ETA y las víctimas del terrorismo. De hecho, tres de las personas que aparecen en la película -Iñaki Ezkerra, Gotzone Mora y Antonio Elorza- pidieron que sus testimonios fueran retirados de la cinta. Médem no lo hizo, y a los tres los vimos en el pase que proyectó La 2. 'La pelota vasca', cuando pasó por la pantalla grande, no fue un éxito de público. Menos aun lo fue en esta exhibición televisiva: apenas medio millón de espectadores. Es verdad que la selección de paisajes, la fotografía, el ritmo -algo muy trabajoso en un documental de testimonios- y, en general, todos los aspectos técnicos del relato son bastante notables. Con todo, hay dos lagunas serias que nacen de la dispar atribución de recursos técnicos discutibles, como la aceleración de la imagen sobre algunos testimonios, que comunica una impresión paródica (casos de Iñaki Ezkerra o Juan Pablo Fusi), o la sucesión de parlamentos en términos de contraposición o contradicción, que inevitablemente beneficia al que habla el último. 'La pelota vasca' manda un mensaje global que puede resumirse así: esto tiene arreglo si hablamos, a pesar del mucho daño que ha hecho Aznar. Es una opinión que, como (casi) todas, puede tolerarse en el circuito de la libertad de expresión. Pero el paisaje cambia si situamos esa opinión en el contexto de una televisión pública. TVE no es una cadena con una línea editorial propia e independiente: es una institución de estricta obediencia gubernamental. Este Gobierno anda empeñado ahora en un llamado 'proceso de paz' con ETA para el cual ha requerido el apoyo de la oposición política. Oposición que, sin embargo, queda señalada como 'obstáculo para la paz' en el documental de Médem.



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