Durante su discurso, Sergio Pitol recordó a tres de los hombres que les han marcado a lo largo de su vida. Al primero de ellos lo conoció cuando con 16 se trasladó a la ciudad de México para cursar estudios en la Facultad de Derecho. Allí tuvo como profesor a Manuel Martínez de Pedroso, rector de la Universidad de Sevilla y «una de las persona más sabias que he conocido». «Era un narrador espléndido, nos relataba sus actividades durante la Guerra Civil y sus experiencias en el Moscú de las grandes purgas, donde fue el último embajador de la República Española. Nos incitaba a leer, a estudiar idiomas, pero también a vivir», afirmó Pitol, para elogiar a renglón seguido a otro de sus maestros: el mexicano Alfonso Reyes, cuyos libros leyó «por el puro amor a su idioma». Logró «transformar, renovándola, nuestra lengua». «Lo que mi generación le debe ha sido invaluable. En una época de nacionalismo estrecho, Reyes nos incitaba a emprender todos los viajes».
Su tercer maestro fue Aurelio Garzón, un gramático y «traductor infatigable». «Me transmitió su pasión por el idioma, que él convertía casi en una religión», señaló el autor laureado.