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Sábado, 22 de abril de 2006
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Nubes y claros en Alcalá
Más escritores mexicanos que españoles arroparon a Pitol en una ceremonia fría y sin otros 'cervantes'
Nubes y claros en Alcalá
Sergio Pitol posa junto a los miembros de una tuna tras recibir el Premio Cervantes. / F. VILLAR-EFE
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Con un cielo preñado de amenazadoras nubes negras y con claros en las bancadas del histórico paraninfo complutense, que no se llenó. Así transcurrió la entrega del Premio Cervantes al mexicano Sergio Pitol. Un Pitol al que la emoción desorientó un tanto, traicionándole en la lectura de su discurso, y a quien no arropó ninguno de los últimos ganadores del Cervantes. Ni Ferlosio, ni Umbral, ni Gonzalo Rojas ni Jiménez Lozano, ni Jorge Edwards hicieron acto de presencia en Alcalá de Henares.

El calor lo pusieron, en un día frío, algunos miembros de la familia del autor de 'El arte de la fuga' y un buen puñado de escritores mexicanos, que quisieron respaldar al septuagenario escritor con su presencia. Colegas como Juan Villoro, Sealtiel Alatriste, Rodrigo Fresán o Margo Glantz, además de la ministra mexicana de Cultura, Sari Bermúdez y el embajador Gabriel Jiménez.

Entre los españoles sí estuvieron su editor, Jorge Herralde, su máximo valedor a este lado del Atlántico, Enrique Vila-Matas, además de Antonio Gómez Rufo, Rosa Regás, José María Guelbenzu, Carmen Alborch, Forges, o Marina Castaño. La representación académica se limitó a los dos máximos responsables de la RAE, Víctor García de la Concha y Gregorio Salvador, director y subdirector de la institución y obligados a acudir a la ceremonia en función de su cargo, como el director del Instituto Cervantes, César Antonio Molina.

La mañana fue desapacible y se echó en falta ese sol primaveral y el ágape posterior a la entrega en los patios universitarios. Como el sol, en el patio faltó la tuna, que agasajó a los reyes en el exterior del recinto universitario.

Entre copas y canapés, los informadores suelen departir con el escritor laureado y, si se tercia, con las máximas autoridades del país. Pero no hubo diálogo en esta ocasión. Pitol se limitó a decir que estaba «muy contento y encantado» con los elogios del Rey y «el retrato» de la ministra de Cultura.

Problemas de protocolo

Tampoco hubo corrillo con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a quien este año acompañaba su esposa, Sonsoles Espinosa. Tras inaugurar con los reyes una exposición sobre Pitol, reconocía un risueño Rodríguez Zapatero que le había gustado el discurso del premiado. «Sobre todo sus evocaciones del exilio y las tres citas a Borges».

Solo la ministra de Cultura, Carmen Calvo, se avino a la charla distendida con los informadores. Le costó una bronca. Tuvo que soportar como le afeaba su conducta un responsable de medios de la Casa Real. «Así no es; esto no se hace» dijo el funcionario poniendo cara de pocos amigos y recriminando a la ministra que departiera con la prensa cuando los Reyes aún estaban en el patio.

Explicaba en ese instante Calvo como «vería con muy buenos ojos» y como «trabajará» para que haya más mujeres en la nómina del Cervantes y se equilibre ese desigual registro con 28 varones y solo dos mujeres: María Zambrano, y Dulce María Loynaz. Dijo también que le había gustado «mucho» el discurso de Pitol, justificó la ausencia de escritores españoles -«mas de cien comieron ayer con Pitol y el Rey», evocó- y aseguró que Rodríguez Zapatero «es un gran lector» y contó como había regalado a todos sus ministros un poemario de Ángel Valente.

La amenaza de lluvia hizo que los asistentes desfilaran pronto. Con todo, Alfonso García, responsable de cultura del 'Diario de León' y profesor de Literatura de un adolescente Rodríguez Zapatero, ratificaba que «el presidente es un gran lector». «Le gusta Borges, como ha dicho, y admira a Gamoneda, Luis Mateo Díez y a Antonio Colinas y era un excelente alumno, crítico con casi todo y firme en sus decisiones antes de cumplir los 18 años».



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