Afirman que el gusanillo les corría por el cuerpo desde pequeñas, cuando ya cantaban en el coro, y bastó un pequeño impulso para comenzar a afinar de nuevo sus voces a finales de 1991, cuando el sacerdote que llegó a Aldea Real, un misionero llamado Javier, lanzó la propuesta para intentar que las misas fuesen más amenas.
Con un pequeño alto en el camino con la llegada del nuevo párroco y con altas y bajas en el colectivo, desde entonces las mujeres del coro siguen poniendo música a las misas de los domingos, las fiestas de la Infraoctava del Corpus y de la Natividad de Nuestra Señora y otros festejos que, aunque no son oficiales, se siguen manteniendo: Santa Águeda, San Isidro y San Juan. Villancicos en Navidad y Reyes, cantos de pasión en Semana Santa, funerales, comuniones y bodas -solo a petición de los contrayentes- entran en el calendario de actuaciones en actos litúrgicos de esta decena de altruistas mujeres que cantan «por amor al arte, porque nos gusta. Sin cobrar». «Si cobrásemos teníamos buen sueldo», bromea una de ellas.
Y es que la música en la iglesia de San Juan Bautista de Aldea Real suena en femenino, aunque la gente que acude a los actos litúrgicos también participa. «Cuando se escucha la voz de un hombre queda muy bien, pero no se animan a venir», lamentan las señoras, que echan en falta la presencia masculina. La carencia, por el momento, de relevo generacional es otra de las cosas que lamentan estas mujeres autodidactas, que cada sábado por la noche se reúnen durante dos horas para ensayar las canciones, siempre en constante renovación, que al día siguiente entonarán desde la tribuna, junto al viejo órgano que no funciona y cuya música se sustituye por las voces del coro y el sonido del almirez en la misa castellana que entonan en Santa Águeda y San Juan y en los villancicos navideños.