Apretar los dientes en una situación de extrema tensión no tiene nada de raro. Casi todo el mundo lo hace. Pero presionar o rechinar los dientes continuamente, de día o de noche, hasta hacerse daño en la mandíbula o desgastarse la dentadura, es una enfermedad. Se llama bruxismo o bruxomanía y, aunque la padece una de cada cuatro personas, la mayoría ignora el problema hasta que es demasiado tarde. Si uno se fija en las bocas de la gente, enseguida identificará a los bruxómanos, sobre todo, a los 'rechinadores', que pueden desgastar sus dientes delanteros hasta casi hacerlos desaparecer. Los 'apretadores' son más difíciles de reconocer porque, en general, los daños se localizan en la mandíbula y en las muelas. En cualquier caso, los dentistas son perfectamente capaces de detectar a unos y a otros. En el tratamiento no hay tanto consenso: los especialistas recomiendan desde férulas para dormir hasta fármacos para la ansiedad, pasando por el yoga, la psicoterapia y los aparatos de biorretroalimentación.