Desde el pasado Jueves, el Nazareno de San Frontis aguardaba en la seo el momento del comienzo del desfile procesional de la cofradía de Jesús del Vía Crucis, para encaminarse de vuelta hacia el otro lado del río, desde donde ayer reposa ya en su iglesia.
Ya anochecido, las imágenes de Jesús del Vía Crucis y la de la Virgen de la Esperanza se encaminaron hacia el Puente de Piedra, donde tuvo lugar uno de los momentos más bellos de la procesión a su paso por el puente románico sobre el Duero. De hecho, muchos turistas aprovechan para inmortalizarlo con sus cámaras desde algunos de los miradores de la ciudad.
Ya en la otra orilla tiene lugar la reverencia y la despedida del Nazareno a la Virgen de la Esperanza. Este acto, en la plaza de Belén, congrega cada año a numeroso público. Cientos de fieles esperan desde casi el mismo inicio del desfile al otro lado del río para vivir el emocionado adiós de la Virgen y su Hijo.
La Virgen de la Esperanza, escoltada por sus damas e iluminadas con velas, fue acogida en el convento de las Dominicas Dueñas de Cabañales, donde aguardará hasta el desfile que protagoniza en la mañana del Jueves Santo.
Tras el emotivo acto, el Cristo continuó por la avenida del Nazareno, donde los monolitos de hierro forjado y coronados por una plataforma en bronce marcaron el rezo del Vía Crucis, que comenzó en la primera estación, junto al convento de San Francisco, y finalizó en la estación XIV, ya en la plaza de San Frontis, antes de regresar a su iglesia, donde permanece expuesto todo el año al público y a sus fieles.
La iconografía que presenta la cofradía de Jesús del Vía Crucis se ha completado este año con la incorporación de una cruz guía que ha sido donada por el artista Hugo García Luca.
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