Las nubes negras y cargadas inician su especial rito de caricias mientras la furia retenida las obliga a chocar entre sí y con las masas de aire, provocando el resplandor de los rayos y el estampido de los truenos. La tormenta está encima, mas cuando una luz amarillenta y templada parece presidir la violenta y agitada atmósfera, comienza a llover. El agua golpea con fuerza e inunda las primeras alcantarillas que, encenagadas, no dan abasto a tragar. Los cristales se cubren de vaho, que una mano limpia con el anhelo de asomar su rostro y respirar de cerca la tranquilidad momentánea que el agua imprime a los campos de cereal.
La agricultura se ha erigido en la principal y única fuente de ingresos de Cubillas de Cerrato. El descenso de la población y el hecho de que la gran parte de los vecinos sean jubilados han reducido el abanico de oficios de antaño. Una conversación con los lugareños, -si es en las bodegas con un caldo, mucho mejor-, lo aclara todo. «Mucha gente emigró hace décadas y otros se fueron después, cuando los hijos habían crecido. Ahora no hay matrimonios jóvenes, ni nacen niños, solo quedamos mayores. Además, de forma paralela, el endurecimiento de las leyes ha provocado el abandono de las explotaciones ganaderas, hasta el punto de que solo queda un rebaño», comentan los cubilleros.
Un repaso al archivo municipal, con la ayuda del alcalde, Eutiquio Gaisán Valle, sirve para dar con una de esas estadísticas que ayudan a corroborar lo que hasta ahora eran solo especulaciones. Un censo de 1940 revela que habia siete pastores y siete guardias civiles. Panaderos, taberneros, zapateros y maestros eran tres de cada casa; otros dos guarnicioneros y carreteros y no faltaban el médico, el veterinario, el secretario y el cura. «Algunos se fueron jubilando y no hubo nadie que continuara el oficio. Otros servicios se fueron centralizando en las capitales y pueblos grandes y ocasionaron la salida de algunos profesionales del mundo rural», explica Gaisán.
Las estadísticas de Cubillas aún guardan otro secreto. A estas dedicaciones, hay que unir el trabajo de los maestros artesanos de la familia De la Fuente, que poseían la fábrica de chocolates Regio. «Las instalaciones estaban en la planta baja del actual Ayuntamiento. De niño jugábamos por allí y recuerdo que sacaban las onzas al sol para secarse y siempre caía alguna», rememora el regidor.
La despedida de estas actividades ha dejado un sabor agridulce en el paladar de Cubillas. Agrio, porque son conscientes de que avanzan poco a poco a la despedida. Dulce, porque cada verano recuperan la ilusión con la llegada de niños y jóvenes a las fiestas de San Bartolomé. Próximo pueblo: Alba de Cerrato