Las calles de más de un centenar de ciudades de Estados Unidos se convirtieron en los últimos días en un hervidero de activismo proinmigrante, para exigir una reforma migratoria integral y denunciar la «criminalización» de los extranjeros indocumentados.
De costa a costa, los inmigrantes hispanos -que conforman la minoría más grande del país- participan en grandes manifestaciones en ciudades como Dallas (Texas), Atlanta (Georgia), Los Angeles (California) y Washington para pedir un trato «justo y digno».
«Queremos enviar un fuerte mensaje al Congreso y a la administración Bush de que estamos hartos, porque trabajamos duro y no merecemos que nos traten como lo han hecho desde los atentados del 2001», dijo a la cadena CNN Jaime Contreras, presidente de la Coalición Nacional de Inmigrantes, que coordina las protestas. El activista se refirió al proyecto de ley del republicano James Sensenbrenner, aprobado por la Cámara de Representantes que, entre otros efectos, convierte en criminales a los inmigrantes clandestinos y sanciona a quienes les den servicios sociales. Se calcula que en Estados Unidos hay cerca de doce millones de inmigrantes indocumentados.