La matanza del 11-M fue diseñada y cometida por un comando formado por islamistas radicales que residían desde hace años en España y que unieron sus fuerzas al efecto. El procesamiento dictado ayer por el juez Juan del Olmo concluye que los terroristas que asesinaron a 191 viajeros e hirieron a más de 1.700 no eran miembros orgánicos de la red Al Qaida, pero actuaron ante la orden mundial lanzada por Osama bin Laden, que animó a atentar en todos los países occidentales que apoyaban la invasión estadounidense de Irak, con especial hincapié en España, Gran Bretaña, Polonia e Italia.
El juez no encuentra unas siglas concretas a las que atribuir la masacre, pero deja claro que los miembros del comando seguían las enseñanzas del 'salafismo' y de los clérigos de su corriente más radical, la 'Takfir wal Hijra' (Excomunión y exilio), que animan a asesinar a los 'infieles' allí donde estén y prometen a los 'mártires' el paraíso.
Las otras siglas que mayor protagonismo tuvieron en los atentados son las del Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), la mayor organización terrorista 'sala- fista' de Europa y el Magreb y la principal franquicia de Al Qaida en la zona. Del Olmo destaca que buena parte de los componentes del sanguinario comando eran miembros o simpatizantes del GICM y que tres de los principales jefes europeos de esta organización -Hassan El Haski, Mohamed el Egipcio y Yussef Belhadj- están procesados por haber aprobado los planes del grupo y haber alentado a los terroristas a ejecutar la matanza.
El comando, liderado por Serhane Ben Abdelmajib Fakhet, El Tunecino, se formó a lo largo del 2003 a partir de al menos cuatro células islamistas diferentes, procedentes en su mayoría de una red de reclutamiento de 'muhjaidines'. Fakhet, un radical relacionado con los núcleos 'salafistas' madrileños, fue el 'pegamento' que unió al grupo creado a finales del 2002 en Madrid por Mustafá Maymouni -considerado uno de los autores de la matanza de Casablanca- con el colectivo que radicalizó Mohamed el Egipcio durante su residencia en España (entre los años 2002 y 2003), así como con el grupo de Lavapiés dirigido por uno de los presuntos autores materiales del atentado, Jamal Zougam. El grupo lo completaba una banda de delincuentes comunes muy radicalizados encabezada por Jamal Ahmidan, El Chino, que terminó por ser la mano derecha de El Tunecino.
La confluencia se produjo de forma paulatina a lo largo de la primavera del 2003, a la sombra de la indignación por la guerra de Irak, y se consolidó en el verano. Si El Tunecino y otros miembros veteranos se convirtieron en los líderes ideológicos de la célula, El Chino y su grupo de delincuentes fueron los que aportaron la infraestructura.