Cada uno se apaña. Algunos cargadores se blindan las lumbares con fajas ortopédicas y, con vendajes funcionales, los dedos de los pies, tobillos y muñecas. Hay que amortiguar en lo posible la carga de ese tamaño prodigioso y difícil de ignorar que constituye el paso procesional. En función del número de hermanos de paso, tocará entre cuarenta y sesenta kilos por cargador. Los de 'La conducción', del Santo Entierro, cargan con 47 kilos de media de un grupo escultórico que pesa 1.700 kilogramos con figuras y que es portado en andas por 36 hombres. Tras horas de marcha, solo quedarán voces rotas y autómatas aplastados por el dolor. La única que permanecerá intacta de una Semana Santa a otra es la fe. La que hace enmudecer cuando el cargador veterano da la lección maestra: «El paso no se lleva con la fuerza, sino con el corazón».