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Miércoles, 5 de abril de 2006
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FE EN EL MILAGRO
Han cumplido cincuenta años como socios del club, y esa experiencia les sirve para saber que, pese a lo difícil del objetivo, su equipo siempre ha sido un superviviente
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Exhiben con orgullo sus carnés caducados, alguno con hasta 49 años de historia, se apasionan cuando hablan del Real Valladolid, del presente y del pasado, y analizan el futuro con humildad, pero con la autoridad con que les invisten sus cincuenta temporadas de fidelidad al club. Juan Rey, María del Carmen Velasco, Ángel Sobrino y Francisco González saborearon por duplicado el triunfo ante el Xerez, partido en el que recibieron la insignia de oro del club.

Empezaron con esta fiebre blanquivioleta casi sin darse cuenta. Sobre todo María del Carmen Velasco, a quien «con tres o cuatro años» la llevaban al campo de la plaza de toros. «No me acuerdo de casi nada, más que de que mi padre me llevaba en brazos». A los ocho años ya era socia. Ángel Sobrino se apuntó «por iniciativa propia» a ver los partidos con su hermano, mientras que Francisco González ya acudía al campo antes de ser socio. «Recuerdo vagamente que íbamos a coger el autobús al Ideal, y se ponía hasta la bandera». Juan Rey se resistió poco al fútbol. A los 13 años llegó a Valladolid a estudiar. A los 15 ya era abonado «con cuatro perrillas que tenía».

Tantas temporadas, idas y venidas de jugadores, crisis, supervivencias y goles, les dan una visión pausada pero a la vez optimista de la situación actual. Los cuatro coinciden sobre todo en dos cosas, en que hay buena plantilla y en señalar a un culpable, Marcos Alonso. «Había equipo para haber subido a Primera. A lo mejor se echa un poco de menos a Aduriz, pero si no había más remedio que venderle para poder subsistir Marcos Alonso ha sido el principal responsable», explica Juan Rey en conversación telefónica.

Sus compañeros de insignia se muestran igual de implacables con el ex técnico. «Han perdido unos meses importantes con Marcos Alonso. Por lo menos dos meses. Cuando salió Caminero a defenderle era el momento», señala Francisco González. Carmen Velasco cree que «no se llevaba muy bien con los jugadores». Ángel Sobrino va un poco más lejos y entra de lleno en la etapa Merino y en las posibilidades de ascenso. «Si el Valladolid ha progresado así puede ganar todos los partidos, porque con este entrenador [Alfredo Merino] está jugando como yo no le había visto jugar hasta ahora. Como ver a un rival rodeado por cuatro jugadores del Valladolid, o a Llorente presionando en el pico del área. Con ese espíritu de lucha y si tienen la preparación física adecuada son capaces de ganar todos los partidos», explica.

Objetivo complicado

Todos quieren confiar en el milagro, y se basan en lo que ven sus ojos, pero también en algunos retazos de historia. Francisco González recuerda un caso que también se daba por perdido, el de la etapa de Rafael Benítez en el banquillo. «El equipo estaba con un pie y medio en Segunda y vino Cantatore y lo salvó. Esos milagros ocurren una vez en la vida, pero hay que intentarlo», comenta. «Yo no digo que no, pero es difícil», remata Carmen Velasco. Juan Rey no lo ve de de un modo demasiado optimista. «Está un poco complicado porque hay que ganar todos los partidos y quieras o no tienes que perder», comenta amparándose en una realidad casi incontestable, como es que la Liga se acaba. «Lo peor es que la mayoría de los jugadores son cedidos y el año que viene se van a ir a sus clubes».

Es nombrar a Cantatore y llueven los suspiros y las lamentaciones. «Hay veces en que la cosa no es lo que te digan, sino cómo. La forma de echarle estuvo mal», recuerda Carmen Velasco, rememorando el tan comentado despido radiofónico del técnico chileno. «Habría sido bueno que se quedara como un Luis Molowny del Valladolid, pero por lo que sea las cosas no fueron así», afirma Francisco González.

Ser socio y además hincha de corazón de un equipo de fútbol lleva aparejado mucho sufrimiento y pocas alegrías, sobre todo porque solo gana uno y son muchos los que pierden. En el caso del Valladolid, llegar a los cincuenta años de carné supone tener una idiosincrasia especial. Se trata de un club en crisis permanente, obligado año sí y año también a vender a sus mejores jugadores, pero también de una entidad que sobrevive pese a quien pese. Por eso el futuro, aunque pinta negro, tiene un cierto matiz gris. «Yo le he visto jugar en Tercera en el Calderón contra el Atlético Madrileño, y subimos al año siguiente a Segunda y nos seguimos manteniendo. Y en Primera ha hecho buenos papeles», dice Juan Rey. Eso a pesar de ser un club vendedor y siempre lastrado por las deudas. Hasta tal punto que una de las medidas más innovadoras que se pusieron en marcha fue una derrama promovida por el entonces presidente, Gonzalo Alonso, en los ochenta. «Pidieron la colaboración económica de los socios para que no se marchara Pato Yáñez, y yo puse mi parte», explica con orgullo Carmen Velasco.

La crisis sempiterna

«Crisis ha habido a final de temporada año tras año. Llevo cincuenta años y no recuerdo un año de superávit, pero siempre se han encontrado jugadores a los que se podía traspasar. Así que siempre estamos de mitad de la tabla para abajo», asegura Ángel Sobrino. «Hemos tenido la suerte de sacar siempre un jugador. Este año ha sido Aduriz», añade.

Y sin dinero, obviamente, resulta complicado confeccionar una plantilla competitiva. Todos recuerdan el año en que José Luis Saso se marchó a Sudamérica y se trajo a Endériz, Benítez, Aramendi, Solé y Bagneras, «pero este se volvió sin jugar», recordaban Sobrino y González. Ahora, en un mercado globalizado y en el que los clubes cada vez buscan valores más jóvenes, acertar con los fichajes es vital. «Hay que tener mucho cuidado, sobre todo con los extranjeros, que algunos que traen ni siquiera se entrenan», recomienda Ángel Sobrino. «Los extranjeros necesitan un periodi de adaptación, y si los traes cedidos, cuando empiezan a soltarse se tienen que ir», añade Francisco González.

Sobrino pone un ejemplo con nombre y apellidos, Fernando Correa. «No tengo nada contra él, que es un buen jugador», advierte, «pero para sacarle veinte minutos, cojo un chaval del filial». Eso enlaza con otro tema recurrente en cuanto a las preocupaciones de los aficionados, el de la cantera. «Creo que no la cuidan mucho», considera Carmen Velasco. «No les dan la opción de subir al primer equipo». Francisco González tiene una explicación a eso. «A los chavales del filial hay que meterlos cuando el equipo está armado, si no les haces fracasar».

Afición fiel

Lo que demuestran los cuatro con sus cincuenta años de carné a cuestas -y algunos más como aficionados- es que la afición blanquivioleta es tan fiel como cualquier otra, aunque menos numerosa de lo que correspondería a una ciudad de casi cuatrocientos mil habitantes. «Le falta un poco de afición, es muy fría y en cuanto hay algún resultado malo empiezan a no acudir al campo. Los fieles sí lo somos mucho, pero una ciudad de este tamaño tendría que tener más socios», asegura Juan Rey.

«En el campo viejo había que ir pronto», comenta con cierta añoranza Francisco González. Ángel Sobrino no tenía ese problema. «Llegaba cuando iba a empezar el partido, y como no tenía problemas de altura, porque sacaba la cabeza a casi todos, veía por encima. La gente se subía en unas cajas de cervezas, puestas del revés, en los vomitorios, para poder mirar por encima de los demás. A mí se me quedó una vez un señor mirándome de arriba a abajo como diciendo 'este no está subido a ningún sitio'».

Sí que se subió a las cajas Carmen Velasco, y le costó caro el peor día. «Una vez me empujaron y me caí. Estrenaba un traje de chaqueta, y era un partido contra el Sporting en el que había llovido a mares. Me recibieron en casa con música de orquesta», explica con gracia. Porque ser socia en aquella época no era lo usual. «Mi padre era un santo varón, pero no era tan fácil como ahora ir solo a todos sitios. Entre él y un tío mío me tapaban bastante», cuenta.

El domingo recibieron la insignia de oro del club de manos del presidente. Francisco González no esperó ni cinco segundos para ponérsela en la solapa y presenciar el encuentro contra el Xerez desde el palco con todos los honores. Juan Rey, Carmen Velasco y Ángel Sobrina completan un cuarteto que podría extenderse a unas cuantas decenas más de hinchas blanquivioletas que sobrepasan los cincuenta años de apoyo incondicional a unos colores. Del futuro de su equipo del alma solo esperan que los accionistas «hagan algo», como dice Francisco, o que de lo contrario resurja de sus cenizas como les ha sucedido a otros clubes, como el Málaga o el Murcia. Lo que sea para conseguir que el carné de la temporada 2005-2006 sea solo uno más en la historia.

Más información

Foro de debate sobre el Real Valladolid en www.nortecastilla.es



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