Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Quizás por eso cuando el abandono era más que palpable y cuando las paredes de adobe y tapial se iban cayendo, anunciando la despedida de Baquerín de Campos, los pocos vecinos que quedaban se resistían a desaparecer del mapa y confiaban en que las cosas podían mejorar.
Mientras para ellos el aislamiento y la tranquilidad cerraban las puertas para casi todo, para otros se abrían de par en par. Baquerín era el enclave perfecto para la asociación regional Aldama, dedicada a la rehabilitación de personas alcohólicas y drogodependientes.
La asociación se instaló en la localidad hace 22 años. Adquirió un edificio junto a la iglesia, en el que ubicó una comunidad terapéutica para drogodependientes, donde ahora viven 14 hombres de 22 a 45 años. Posteriormente, en el 2000, Aldama compró una casa a las afueras que reconvirtió en un centro de tratamiento médico para alcohólicos, donde ahora residen 30 internos, hombres y mujeres de 25 a 60 años, que superan su problema con la bebida. «Cada comunidad es independiente, pero en Navidad reunimos a todos los internos, pero no es lo normal», explican los monitores.
En los dos centros, la mayor parte de las plazas están subvencionadas por la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades de la Junta para aquellas personas que acuden voluntariamente, por presión familiar o por vía judicial a un centro de desintoxicación. El resto son privadas y las familias se encargan de los costes.
Hasta aquí llegan personas que han abandonado su trabajo, sus amigos o su familia por su adicción al alcohol y las drogas. Desde los que no se separaban de la petaca hasta los que consumían cocaína o heroína mezcladas con nuevas drogas de diseño. «En algunos centros su estancia es obligatoria, pero aquí es voluntaria. Aún así, lo normal es no abandonar hasta no haber completado el tratamiento, que en el caso de los alcohólicos tiene una duración media de seis meses, mientras que en los drogodependientes se prolonga hasta los ocho meses o el año», explica la psicóloga Mercedes Domínguez Carbayo.
Su estancia no será fácil. Tienen que dar un nuevo rumbo a sus vidas, superar esa adicción que parte de la población considera una lacra social y ganarse el merecido derecho a una segunda oportunidad, a una justa reinserción. Próximo pueblo: Abarca de Campos