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Martes, 4 de abril de 2006
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EDITORIAL
Ahora, en barco
LAS últimas noticias relativas a los flujos de inmigración ilegal desde África hacia Europa, vía Islas Canarias, vienen a confirmar las previsiones más negativas sobre la dificultad de atajar el tráfico de seres humanos. Si el pasado domingo, una treintena de ilegales morían ahogados al volcar su embarcación en aguas mauritanas, el avistamiento ahora de un buque en dirección a las Islas, con cerca de 500 inmigrantes a bordo, confirma que ante el aumento de la presión, las mafias simplemente cambian de lugar y de método. El descubrimiento de este barco -vigilado y por las autoridades españolas- avala las palabras pronunciadas hace cinco días por el delegado del Gobierno, a Canarias le esperan años de inmigración «numerosa y anárquica». Advertencia, más bien señal de alarma, que refrenda que no es información lo que le falta al Gobierno; de lo que carece nuestro país es de una verdadera colaboración de sus socios comunitarios para evitar la entrada masiva de inmigrantes subsaharianos en Europa a través de nuestro país. Tras la avalancha de cayucos procedentes de Mauritania en la primera quincena de marzo y las posteriores gestiones del Ejecutivo de Madrid, las mafias de la inmigración se han desplazado a países más al sur, como Senegal o Guinea Conakry, desde donde fletan sus cargas humanas en barcos más grandes. Aunque se trata de países africanos con los que mantienen relaciones cercanas otras naciones de la Unión Europea, lo que ocurre con las corrientes migratorias escenifica la soledad de España ante este drama. Fue esta evidencia la que llevó el pasado 23 de marzo al presidente de la Eurocámara, Josep Borrell, a denunciar ante los jefes de Estado y de Gobierno de los Veinticinco que Europa está cerrando los ojos ante el drama que sufre Canarias, equivalente «a cuatro Titanic».

Los intentos de decenas de miles de africanos de cruzar el Atlántico huyendo del hambre y la muerte, no se van a frenar desplegando la flota. Incluso los más estrictos métodos legales que pudiesen disuadir de la entrada en nuestras aguas jurisdiccionales a los inmigrantes, no serán más que parches mientras desde la UE no se articule una verdadera acción conjunta de cooperación con los países emisores y de cerco a las mafias. Pero para ello hace falta tomar verdadera conciencia de la dimensión real del problema al que nos enfrentamos, y no parece que los Veinticinco lo hayan terminado de hacer, a día de hoy.

La coalición presiona

El viaje sorpresa realizado por la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, y su homólogo británico, Jack Straw, es un claro síntoma de que el estancamiento institucional que vive Irak no puede prolongarse mucho mas. Más claros no han podido ser los jefes de la diplomacia de los dos países que lideran las fuerzas de la Coalición en Irak y que en su momento -especialmente los norteamericanos- encabezaron la ofensiva militar; tanto que el propio ministro británico de Asuntos Exteriores dijo ayer en Bagdad que quienes han perdido muchos hombres y mucho dinero en poner fin a la dictadura de Sadam Husein, pueden esperar legítimamente ser correspondidos con un esfuerzo político local al servicio del proyecto común de crear un Irak estable y democrático.

El cansancio que la Administración Bush muestra hacia la incapacidad del actual primer ministro en funciones, Ibrahim al Yaafari, del partido chií religioso Al Dawa, es notorio. Washington y Londres han iniciado con este viaje un 'protocolo' de presión al más alto nivel encaminado a acelerar la formación de un Gobierno de unidad nacional capaz de integrar a todas las sensibilidades políticas y comunitarias y, por tanto, con posibilidades reales de asumir la gran operación que se necesita para darle una oportunidad a Irak de salir adelante: desactivar la insurgencia suní y propiciar la creación de un intenso movimiento popular contra el terrorismo de cuño yihadista. Y es que mientras esto no se produzca, todo lo demás es, sencillamente, perder tiempo, dinero y muchas vidas humanas, algo que al legislativo norteamericano le importa cada día más. Hasta tal punto está llegando el hastío norteamericano por la imposibilidad de formar un Gobierno en Irak -más de tres meses después de las elecciones- que algunos senadores hacen saber ya abiertamente que a falta de progresos tangibles, los «contribuyentes norteamericanos» pondrán fin al compromiso de su país. La apuesta de Washington y Londres es, pues, clara y, como todas, arriesgada. Pero la urgencia de la situación que afronta Irak hace que realmente a día de hoy no haya muchas otras alternativas.



Vocento