Las prisas por parte del Gobierno del señor Rodríguez Zapatero por aprobar la ley de técnicas de reproducción humana asistida nos lleva a preguntarnos sobre qué es lo que mueve esta injustificada norma y su rapidez en el trámite. Parece que son los intereses económicos y políticos en juego los que, además, no están permitiendo un debate sereno de asuntos de tanta trascendencia como estos.
Somos conscientes de que la denuncia de esta ley y de las prácticas a las que se refiere nada tienen que ver con prejuicios religiosos, como el propio presidente está dando a entender, pues se refiere a la manipulación de la vida humana desde el momento de la concepción; por lo tanto nada de prejuicio religioso ni contra el avance de la ciencia, nada más lejos de la realidad. Dada la gravedad del tema y el calado de la futura ley, tenemos que decir no porque no podemos permitir se diga sí a la degradación de la dignidad humana y de la justicia.