Nacido en Tarragona en 1951, Antonio Pérez Rafols reside desde muy pequeño en Zamora, de donde se considera hijo. En su casa-taller de la calle Santa Teresa se dedica desde hace 25 años a la elaboración de tapices, un trabajo en el que encuentra la tranquilidad y creatividad que por carácter necesita.
-¿Cómo fueron sus inicios en este arte?
-Empecé por curiosidad. Vi unos tapices en Barcelona y me llamaron la atención de tal manera que busqué al autor, quien me explicó lo más básico de la técnica. Luego, unas señoritas de Zamora me mostraron algunos secretos más y el resto lo he ido sacando yo solo al cabo de los años.
-¿Por qué se distinguen sus obras?
-Son muy grandes porque los pequeños me resultan manualidades. Trabajo sobre la base del colorido, de manera que no tengo unas piezas realistas; no hay figura humana, sólo paisajes y formas lineales, constructivo.
-¿Qué materiales utiliza?
-Solo trabajo con algodón y seda. La lana no me gusta porque atrae más el polvo y no tiene tanto colorido como estos hilos.
-¿Cuánto puede costar una pieza?
-Para el que estoy haciendo ahora, que mide tres metros por un metro ochenta, tardaré unas cuatrocientas horas; o sea, dos meses y medio. A ese tiempo hay que añadirle mis costes, más de cuatrocientos euros por pieza. Tiene que costar dinero, por supuesto.
-¿Cómo hace el diseño?
-Parto de los colores, sin idea previa, voy pasando de aquí a allá en el telar vertical de alto lizo.
-¿Se valora su trabajo?
-Los que lo conocen sí que lo valoran.
-¿Un trabajo así ha modelado su carácter?
-Sin duda. Es un trabajo que me gusta, me tranquiliza y me aporta paciencia. Se me pasan las horas y no me entero. Si no lo vendo no me preocupa.