HABRÁN reparado ustedes en la importancia que de un tiempo a esta parte tiene la opinión del alcalde de Palencia, Heliodoro Gallego, sobre cualquier tema nacional que se precie. Exactamente, y no se escapa a su buen juicio como observadores de la actualidad, desde que al secretario general de los socialistas palentinos le han elegido presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias en sustitución del que fuera alcalde de La Coruña, Paco Vázquez, que ya ejerce, con firme convicción religiosa, como embajador ante el Vaticano.
Lo de Heliodoro Gallego ya no hay quien lo pare, y no solo se trata ya solo de que un día se entreviste con el mismísimo presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y al otro con cualquier ministro o ministra (me parece recordar que la última en esta semana ha sido la de Vivienda, María Antonia Trujillo), sino más bien del interés que sus opiniones despiertan ahora entre la prensa nacional.
A Gallego se le requiere para saber cuál es su parecer sobre la tregua de ETA, qué piensa sobre los macrobotellones en las más dispares ciudades españolas, cómo considera que debe denominarse a Castilla y León en el nuevo estatuto (nacionalidad o comunidad histórica), de qué manera se podría terminar con las carencias económicas de los ayuntamientos...
Gallego siempre responde con mesura y tono comedido, y no solo porque él sea así de siempre, sino también por ese papel institucional con que se ha revestido, intentando en la medida de lo posible conciliar los intereses de todos los partidos. Quizás por eso se lleve tan bien con sus dos vicepresidentas: las alcaldesas de Valencia y de Córdoba, Rita Barberá (PP) y Rosa Aguilar (IU), respectivamente. Vamos, que no hay quien le frene.