Uganda quedó ayer conmocionada por el incendio registrado en el dormitorio de un internado escolar del oeste del país, que se cobró la vida de al menos veinte niños con edades comprendidas en su mayoría entre los 6 y los 10 años.
Todo parece indicar que Anet, una estudiante de bachillerato que se sentía enferma por la noche, fue la responsable de desatar la tragedia, porque al dormirse dejó encendida una vela. El fuego prendió una sábana y se extendió rápidamente por una habitación en la que dormían 25 de sus compañeros.
El suceso se registró en la población rural de Fort Portal, en el distrito de Kabarole, una zona pobre del oeste de Uganda que no cuenta precisamente con los mejores sistemas para apagar rápidamente un incendio.
La Escuela Islámica de Kabarole, de enseñanza primaria y secundaria, fue levantada hace seis años y tenía 201 alumnos, según el director del centro educativo, Kwezi Humphrey.
Ahora se ha quedado en escombros y no se ha podido salvar nada de las llamas. El fuego podía verse a medio kilómetro de distancia, según los testimonios recogidos por las emisoras de la región. «El suceso se ha cobrado la vida de veinte niños. Sospechamos que el fuego lo desató una vela, porque en el momento del suceso no había electricidad en la población», dijo un portavoz policial.
Los equipos de rescate comenzaron a sacar cadáveres del incendio desde primeras horas. Eran trece antes del mediodía y después aparecieron siete más, elevando a veinte la cifra de muertos que, sin embargo, puede ser aún mayor.
Los padres de los estudiantes protagonizaron escenas de desesperación porque no encontraban a sus hijos y, a gritos, reclamaban a los equipos de rescate para que los buscaran.