Por culpa de la sumisión a todo lo extranjero, infinidad de músicos locales, que podrían forjarse un porvenir digno, van a parar al dique seco.
El concierto del barítono Matthias Goerne ejecutando el ciclo 'Die Shöne Magelone', en principio, no solo me parece acertado, sino que es el repertorio liderístico el que se debe de ejecutar en estos casos puesto que a ningún violinista consagrado se le ocurre tocar 'Las Cuatro Estaciones' de Vivaldi acompañado por un miserable piano. A la lírica, lo que le pertenece; y al concierto, lo que le corresponde.
Hay que reconocer que su voz es bella y que demuestra ser buen músico, pero cuando un astro cobra el equivalente al montaje de todo un oratorio, y cantando todos debidamente, se presenta con la voz totalmente agarrotada, levantando los hombros hasta el techo para respirar haciendo oír el aliento en toda la sala, saltando para emitir un inmundo 'fa' y agachándose obscenamente para iniciar el canto, lo más delicado es el silencio fulminante. Sería también de agradecer la edición bilingüe de los textos en el programa de mano.