Los inmigrantes se han sumado a los colectivos sociales más vulnerables al sida en la actualidad, según se puso de manifiesto ayer en el IX Congreso Nacional sobre la enfermedad que se clausura hoy en Barcelona y en el que se alertó sobre la discriminación laboral y social que sufren los afectados. Los expertos apelaron a los poderes públicos a que presten una mayor atención al problema e impulsen un «ambicioso plan» en la educación sexual, cívica y escolar para «acabar con los prejuicios y las injusticias que sufre un sector de nuestra sociedad». Y pidieron más medidas en favor de una mejor prevención y tratamiento de la enfermedad.
María José Fuster Ruiz de Apodaca, coordinadora de CESIDA en España, una entidad que agrupa a unas sesenta organizaciones antisida, pidió a los poderes públicos que «escuchen nuestra voz», porque, «aunque estamos muy contentos por los avances científicos que se han dado, seguimos denunciando la existencia de una gran discriminación y muchos prejuicios sobre los enfermos».
Los ponentes destacaron que en España, en muchos casos, «la discriminación es, sobre todo, de carácter indirecto y muy invisible». Según señaló María José Fuster, «la marginación de los enfermos se manifiesta en el ámbito laboral, cuando algunos empresarios no quieren contratar a personas afectadas por el VIH, porque tienen miedo; pero también en la vida diaria, en el trabajo y de estudio, donde los que viven con el VIH tienen que esconder su situación, porque saben que corren el riesgo, si se sabe, de ser arrinconados».
Incomprensión
Además, los congresistas coincidieron en que los seropositivos y las personas que han desarrollado la enfermedad «chocan con un muro de incomprensiones en muchos ámbitos de la vida social, porque no hay suficiente información, y prevalecen muchos tópicos». Los afectados también tienen que hacer frente a una serie de trastornos físicos y psicológicos derivados de la enfermedad que, según señaló la coordinadora de CESIDA en España, «no están plenamente reconocidos por la sanidad pública y las autoridades, como, por ejemplo, el caso de la cirugía reparadora, la liposucción o el lavado de semen para los enfermos de sexo masculino que quieran ser padres».
Junto con las mujeres, los inmigrantes son el colectivo más vulnerable socialmente y el que conlleva un riesgo muy elevado. En el periodo 2000-2003, la incidencia de la enfermedad en el colectivo inmigrante de África subsahariana fue mayor que en otros grupos, excepto los drogodependientes, sobre todo, en el caso de los homosexuales.