El paseo por las calles de Soto de Cerrato se hace más ameno y entretenido con una conversación con los vecinos o estando presente en la reunión que mantienen los integrantes de la asociación de jubilados y pensionistas en el centro social ubicado en el antiguo ayuntamiento.
Un grupo de mujeres participa entre risas en un curso de manualidades, algunas pintan botijas y botellas, otras ceniceros, cuadros o cajones que hacen las veces de joyeros. «Lo que importa es que con los cursos nos reunimos y nos divertimos mucho. Además, luego jugamos al bingo y otras veces ensayamos obras de teatro», apuntan las jubiladas.
Junto a ellas, hay varios señores mayores que a diario se reúnen en el bar a echar la partida y que también participan en cursillos. «Ahora estamos participando en uno de mejora de la memoria y para el próximo mes de abril tenemos programado un curso para aprender a manejar los teléfonos móviles», explica el presidente de la asociación, Eutimio Núñez Díez.
No es este el único grupo de vecinos que participa de la vida colectiva y social de la localidad. También está la Asociación de Mujeres Rurales de Soto, que integran medio centenar de vecinas desde diciembre de 1998, que organizan diversas actividades culturales, desde cursos de manualidades, restauración o cocina hasta viajes para conocer el patrimonio, la gastronomía o la cultura de Ávila, Salamanca, Santander, Madrid o Portugal.
Satur, Clara, Raquel, Piedad o Estrella son una muestra de este grupo de mujeres que luchan por mantenerse activas en el medio rural, que pelean por hacer algo positivo y enriquecedor, que reniegan de quedarse atrapadas en casa en las tareas domésticas y que forman una verdadera sociedad.