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Jueves, 30 de marzo de 2006
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OPINIÓN
EDITORIAL
Marbella toca fondo
EL descrédito creciente de la administración local de Marbella tocó ayer fondo con la detención de su alcaldesa, el responsable municipal del Urbanismo concejales, abogados, empresarios y algunos funcionarios bajo delitos aún presuntos pero muy graves. Los tres alcaldes que ostentaron la alcaldía bajo las siglas que creó Gil en los noventa imitaron su estilo y con seguridad las prácticas que les situaban con frecuencia al margen de la legalidad urbanística. Este escándalo de dimensiones aún por verificar suponen un perjuicio incalculable para una de las localidades mas emblemáticas del turismo español. Ese descrédito tendrá consecuencias, por tanto, más allá de nuestras fronteras. La marca internacional de Marbella se ha devaluado precipitadamente como síntesis de la gestión urbanística caótica en el litoral mediterráneo, donde la descapitalización pública de suelo castigando severamente la sostenibilidad medioambiental y la calidad del territorio ha coincidido con numerosos casos de corrupción y una gestión al filo de la ley. En el informe de 2006 de Transparency International, el capítulo de España se centra en la corrupción local vinculada a la gestión urbanística y se detiene en el caso ya paradigmático de Marbella. La operación policial de ayer pone de relieve que la degradación del sistema no solo salpica a los protagonistas políticos sino que contamina todo el sistema económico. Esto exige, en primera instancia para frenar la deriva actual, una evaluación rigurosa de los controles actuales sobre ésta. Recientemente la Junta de Andalucía se ha visto obligada a tomar la decisión de retirar las competencias urbanísticas a la localidad, (en principio durante el máximo plazo legal de cinco años al cifrarse el número de viviendas ilegales en treinta mil), y ahora las asfixiantes dificultades financieras del municipio apenas cuentan con margen para albergar expectativas mejores bajo la amenaza actual del desgobierno.

Aunque algunos grupos han demandado la disolución de la corporación, sobre todo IU y el PP, esta parece una solución tardía a un año vista de los comicios locales por tratarse de un proceso lento y en este caso, por añadidura, expuesto a un mapa político muy atomizado, con varios grupos mixtos y una exigua representación del PSOE y del PP. No obstante, es preciso, antes de inclinarse por una u otra solución provisional conocer el resultado de las actuaciones judiciales en curso y su saldo político. De momento, el presidente de la Junta de Andalucía ha apelado al Estado de Derecho, y en efecto así debe ser, la justicia tiene que hacer su trabajo y las administraciones asegurar que esa localidad no naufrague antes del nuevo veredicto en las urnas, cuando los ciudadanos asuman la responsabilidad de corregir un rumbo a la deriva.

Parlamento atomizado

Las elecciones legislativas en Israel proporcionan varias lecciones, pero la principal, en términos políticos, es que el gran proyecto de Ariel Sharon, crear un gran bloque central de realistas, moderados y posibilistas en torno al cual pivotara la acción para concluir el conflicto con los palestinos, no ha cuajado. Su sucesor, Ehud Olmert, solo ha recibido 28 escaños al frente de Kadima, el partido de los sharonistas. La derecha clásica, el Likud, sangrada por la fundación de Kadima, baja a once diputados y debilita a Benjamín Netanyahu mientras los laboristas se dan por satisfechos con sus veinte escaños y su nuevo líder, el sefardí Amir Peretz, entra con buen pie en política. La izquierda laica y pacifista, Meretz-Yahad, baja de modo inquietante a solo cuatro escaños y los ultras de Israel Beiteinu, con 12, aparecen como ganadores netos. El récord de abstención prueba que las elecciones no han movilizado a la sociedad y no han sido percibidas como una clara oportunidad de avanzar hacia una solución del conflicto con los palestinos que, como siempre, ha terminado por centrar la campaña. Olmert prometió nada menos que tener fijadas en cuatro años las fronteras definitivas de Israel, con o sin negociación con los palestinos, el verdadero programa de la vasta reunión de pragmáticos entrevista por Sharon y que no parece en vías de creación.

Lo que queda es lo conocido; una coalición con los laboristas y fuerzas menores que conseguirá la investidura del Gobierno y, salvo gran sorpresa, inestabilidad a medida que las dificultades se impongan. Siempre se supo que el coma de Sharon sería negativo, pero no que su ausencia tendría un efecto tan fuerte sobre los votantes y que su sucesor obtendría un resultado tan poco estimulante.



Vocento