COMO siga así la cosa, alguien deberá estudiar por qué las reformas del Estatuto de Autonomía de Castilla y León están ligadas, en lo que a escenografía se refiere, a espacios hosteleros. Por ejemplo, el recorte de las competencias que dieron las direcciones nacionales del PP y del PSOE hace dos años al Estatuto castellano y leonés lo hicieron en un restaurante de Madrid. El desbloqueo para la actual reforma, el pasado 24 de febrero, tuvo lugar en la carpa en la que fue servido el aperitivo tras el acto institucional del Día del Estatuto. Y ayer, cuando populares y socialistas cerraron el calendario de la próxima reforma, que harán público la semana que viene, eligieron la cafetería de las Cortes para concretar las fechas.
Escenarios aparte, lo cierto es que el clima entre PP y PSOE para reformar el Estatuto no se parece en nada al de hace una semana. Habrá que confiar en que algún día aclaren cómo han pasado de las tortas a los besos en menos de un mes. Y tendrán que explicar otras de más enjundia, la más importante en qué ha cambiado Castilla y León para pasar de ser 'comunidad' a ser 'nacionalidad'. Este último concepto conlleva una elevadísima carga política que no parece que se note a pie de calle.