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El jurado reconoce la labor humanitaria de Catalina Montes
La presidenta de la Fundación Segundo y Santiago Montes gana el Premio de los Valores Humanos «Mi familia tiene todo el mérito. Yo solo recojo lo que la muerte me deja», asegura la galardonada
El jurado reconoce la labor humanitaria de Catalina Montes
Catalina Montes, en el jardín de la sede de su Fundación en Valladolid. / HENAR SASTRE
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El árbol de la pasión empieza a brotar estos días, como cada primavera, en el patio de la Fundación Segundo y Santiago Montes. Da sombra y refugio a 'Odiseo', la escultura que Jorge Oteiza regalara a la familia Montes Mozo. Al igual que esta saga familiar vallisoletana, su tronco maltrecho pasó muchas vicisitudes, pero salió adelante por el empeño personal de Catalina Montes, albacea testamentario de las aportaciones de esta singular saga. «Comenzó a florecer de nuevo casi a la par que abríamos la sede de la fundación», recordaba ayer Catalina.

Un jurado reconoció ayer, por unanimidad y en apenas un breve debate, los méritos que se aglutinan en torno a este apellido y a su última heredera. Así, Catalina Montes Mozo se convierte en la primera mujer que recibe el Premio Castilla y León de los Valores Humanos, en su edición del 2005. «Quién se lo merecía es mi familia. Yo solo recojo lo que la muerte me dejar caer», avanzó como primera reacción, Catalina, desde su despacho en la Universidad de Salamanca, donde ejerce como catedrática de Filología Inglesa. El jurado lo resumió así: «el premio reconoce la vida y la obra de una castellana y leonesa animada por la bondad y la justicia, la dignidad humana y el favor hacia los demás».

Para muchos, el apellido Montes va ligado al asesinato de Segundo, junto a Ignacio Ellacuría, Javier Martín Baró y otros tres compañeros jesuitas más en el campus de la Universidad Centroamericana de San Salvador. Aquel 1989 fue un año duro, que también se llevó la vida de Santiago Montes, pintor, escultor, filólogo, poeta, ensayista y muchas cosas más. De la pérdida de ambos, brotó el particular 'árbol de la pasión' de Catalina. «Solo quiero cumplir la obra de mi hermano Segundo», dijo en más de una ocasión. Una obra que nace incluso antes ya que al menos las últimas tres generaciones de los Montes «se dedicaron a la cultura y a la ayuda a los demás casi hasta la heroicidad», recuerda la galardonada.

Lugar para la esperanza

Antes de ser asesinado por un 'escuadrón de la muerte' del Ejército salvadoreño, Segundo concibió la creación de un lugar en el que pudieran vivir los retornados tras la guerra civil salvadoreña. Aquel proyecto es hoy la Ciudad Segundo Montes. No le importó que el Gobierno le cediera un lugar abrupto en Morazán, la zona más humilde del país, lejos de la capital, San Salvador. Hoy día, es un núcleo que transmite esperanza para sus casi 20.000 habitantes. «Tratamos de dar soluciones a todos: desde la escolaridad de los más pequeños a la canasta básica y ropa para los ancianos», explica Catalina.

Con una capacidad de movilización de ayudas que incluye a ayuntamientos («no deje de mencionar el decidido apoyo del de Valladolid»), Gobiernos regionales e incluso el particular empeño de la Infanta Doña Cristina (desde el área social de La Caixa), la lista de logros llena los minutos de conversación de Catalina Montes, que concibe esta labor como una segunda profesión. «Segundo ya decía que para aficionados ya están los de allí. Nosotros tenemos que ir con profesionalidad y a ser útiles, no a estorbar», suele decir.

En los últimos 12 años, la vida de Catalina Montes se divide entre la sede vallisoletana de su Fundación y las continuas visitas a la ciudad centroamericana. Además de las infraestructuras básicas, su mayor orgullo son los logros educativos. «Tenemos la segunda mejor biblioteca del país, tras la de la Universidad y más estudiantes de bachillerato que toda la capital», afirma satisfecha. A estas alturas, Catalina ya tiene su billete para el próximo viaje a El Salvador en agosto. Y también el destino de los 18.500 euros del premio, que no se quedarán en España.

Pero antes, seguirá enviando cada semana, con remites de su puño y letra, los sobres con la amplísima oferta cultural de exposiciones, libros (sobre todo poesía) y charlas debate que se celebran en la sede de la Fundación, siempre a la sombra de su 'árbol de la pasión'. Catalina también dedicó el premio a los 125 benefactores de su institución, esos «muchos pocos que siempre son mejor que pocos muchos».

Más información

Premios Castilla y León en

www.nortecastilla.es



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