Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal (CE) y obispo de Bilbao, quiso resaltar ayer de manera especial que la Iglesia no percibe los avances científicos y técnicos como un peligro para su magisterio o sus enseñanzas, si bien precisó que el ser humano «es sujeto y fin de las instituciones de la sociedad» y, por tanto, «no está a disposición de otros hombres; no es instrumento a merced de ningún proyecto». El actual trámite parlamentario de la nueve ley de técnicas de Reproducción Asistida, que hace escasas semanas ya fue censurado por otros organismos de la CE volvió a recibir una nueva reprimenda del presidente de los obispos durante la alocución que pronunció en la LXXXVI reunión de la Asamblea Plenaria, donde se abordará el nuevo marco legislativo en esta materia impulsado por el Gobierno socialista.
«Los cristianos deseamos que el mundo sea explorado; respetamos, promovemos y nos beneficiamos de la ciencia. Queremos que los resultados de la ciencia y de la técnica lleguen a todos los hombres de todos los pueblos», confió Blázquez. Pero, acto seguido, reiteró el magisterio eclesiástico sobre el carácter «sagrado e inviolable» de la vida humana, juicio moral que «es válido ya desde los inicios de la vida de un embrión».
«Un embrión -aseveró- no es un amasijo ni un cúmulo indiferenciado de células, no es un objeto a nuestra disposición; es un sujeto, una nueva individualidad». «Manipular las fuentes de la vida humana es una aventura, además de inmoral, inmensamente arriesgada».