EL alto el fuego de ETA ha abierto súbitamente un nuevo escenario político que obliga a revisar todos los análisis anteriores al 24-M, una fecha que marca ya un antes y un después. De repente, el proceso abierto ha revestido a Zapatero de una pátina de estadista que no le pueden negar ni siquiera los que un día antes lo presentaban como el gobernante mas frívolo e irresponsable que había conocido la historia de España.
Cogido con el paso cambiado, el Partido Popular no ha tenido otro remedio que secundarle en una iniciativa que deja colgada de la escalera la estrategia de oposición seguida durante estos dos últimos años. Por poner un ejemplo, ¿qué piensa hacer Rajoy con los cientos de miles de firmas recogidas en toda España contra el Estatuto de Cataluña para un referéndum que ya de hecho sería inconstitucional? ¿Cómo va a compatibilizar el PP su obligado respaldo a Zapatero en el proceso de liquidación del terrorismo con el tremendismo apocalíptico de los Aznar, Acebes, Zaplana y compañía, incluido el propio Rajoy?
El nuevo escenario nacional altera las expectativas políticas a todos los niveles a poco más de un año de las próximas elecciones municipales y autonómicas. Pese a sondeos tan desconcertantes como el último barocyl de la Universidad de Salamanca, en Castilla y León cualquiera mínimamente informado venía dando por descontada la mayoría absoluta del PP en las próximas autonómicas. Los socialistas, con una dirección regional capaz de desmoralizar al más entusiasta, estaban resignados a su sexta derrota consecutiva desde 1987 y ni los más incautos se creyeron la victoria vaticinada por Zapatero en su pasada visita a Valladolid. La única incógnita era saber si la diferencia de escaños iba a ser mayor o menor que en el 2003.
Sin que el PP y la Junta se hayan desplomado repentinamente, ni el PSOE de Castilla y León haya hecho nada para merecerlo, lo cierto es que ahora nadie está en condiciones de aventurar pronósticos electorales fiables. El 24-M ha resucitado el 'efecto Zapatero' -que en esta comunidad, salvo en León, ya se había dilapidado- con un horizonte en progresión a medida que se encauce y avance el proceso de disolución de ETA. Con una variante más que hasta ahora nadie ha contemplado: la posibilidad de que a Zapatero le pueda dar por adelantar las elecciones generales para hacerlas coincidir con las autonómicas y municipales, lo que hace aún mas imprevisible cualquier pronóstico.
Así las cosas, como por ensalmo, los socialistas se han sacudido la resignación con que afrontaban las elecciones autonómicas y han pasado a alumbrar alguna posibilidad de victoria. Frente a un único escenario, el de la derrota, ahora hay dos y ello condiciona la elección del candidato, ya que obviamente no es lo mismo elegir un candidato a perder que otro con posibilidades, por mínimas que sean, de ganar. No era previsible, por ejemplo, que ningún peso pesado del partido, como Soraya Rodríguez, o un ministro como Jesús Caldera o José Antonio Alonso se sometieran a una segura derrota electoral. Para eso ya se bastaría y sobraría Angel Villalba, si es que no se optaba por sustituirle por otro candidato que, aun perdiendo, tuviera proyección para volver a intentarlo en el 2011.
Paradójicamente, esta apertura de expectativas coloca en situación aún más precaria al actual secretario regional del PSOE, ya que cuantas más posibilidades tengan los socialistas de ganar las elecciones, menores serán las suyas de ser el candidato. Mal que le pese al PP, todo parece indicar que el PSOE va a cambiar su cartel electoral.
Todo ello cuando los movimientos en marcha alrededor de las elecciones municipales alcanzan día a día mayor dimensión, como corresponde a una batalla que, ya antes del 24-M, se presentaba muy abierta en los principales ayuntamientos de Castilla y León. Tanto, que el Partido Popular se está planteando algo tan inusual en política como sustituir a varios alcaldes en ejercicio por otros candidatos sobre el papel con mayores posibilidades. Si en esa tesitura estaban ya Mario Amilivia (León) y Antonio Vázquez (Zamora), en los últimos días ha cobrado mucha fuerza la posibilidad de que a ellos se añada nada menos que el mismísimo alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva.
La eventual sustitución de León de la Riva no se debería tanto a sus tormentosas e irreconducibles relaciones con el PP de Valladolid (Tomás Villanueva) como al convencimiento dentro del partido de que en estos momentos está lejos de ser el mejor candidato para conservar la Alcaldía. La decisión podría estar ya asumida por la dirección regional (Herrera), que baraja como alternativa al actual consejero de Agricultura, José Valín.
En el caso de que se confirmara la operación, León de la Riva sería 'indemnizado' con uno de los escaños de senador por la comunidad autónoma, seguramente el que viene ocupando Juan José Lucas, a quién a su vez se le invitaría a ocupar el puesto que tiene reservado en el Consejo Consultivo, donde el PP está además en minoría.
Valín se sumaría así a Rosa Valdeón y a Silvia Clemente, que siguen siendo barajadas (la segunda muy a su pesar) como candidatas a las Alcaldías de Zamora y Segovia, respectivamente.
A diferencia de Zapatero, de quien se espera a mitad de este año un reajuste ministerial para encajar piezas ante las próximas elecciones municipales autonómicas, no son previsibles nuevos cambios en el Gobierno regional de aquí al final de la legislatura. Abordar otra remodelación sería tanto como reconocer el manifiesto fracaso de la anterior. Y eso es mucho esperar de cualquier político, incluso de Herrera.